Opinión

Trump hace historia

TRIBUNA

Natalia K. Denisova | Sábado 08 de julio de 2017

Podría sorprender a un distraído que las opiniones de los periódicos españoles, los medios de comunicación progres de los EEUU y los medios rusos, casi todos controlados por el Kremlin, coinciden en subrayar que Trump es igual a Putin, que se parecen en todo y que no les separa nada. Para ellos, los medios, no puede ser de otro modo, ya que los presidentes se reunieron durante 2 horas y 15 minutos. Los periodistas últimamente carecen de cualquier otro criterio que no sea el cuantitativo. Da pena esta visión de la situación internacional tan grave que vivimos hoy. Son opiniones bárbaras propias de gente que no tiene ni idea de historia.

Imagínense que nos dirían estos hombres-masas, estos “sabios” de las relaciones internacionales, si les preguntáramos por un tal Pulaski y Kosciusko, dos polacos, que cruzaron el Atlántico para luchar por la independencia de los Estados Unidos. ¿Serían capaces de recordar el milagro de Vístula acaecido en 1920, cuando Polonia recién liberada de la ocupación austrohúngara estuvo a punto de caer bajo el régimen soviético? ¿Se acordarán de que en 1939 Polonia estuvo bajo la doble amenaza de la Alemania nazi y de la Rusia comunista? Tampoco sabrán decir nada de los muertos de Katyn y otras víctimas del régimen comunista, uno de los más criminales de la historia contemporánea. Nadie se acuerda de esto ni de lo que sucedió durante los últimos siglos de la historia europea.

Sin embargo, el presidente Trump recordó todo eso y mucho más en su discurso de Polonia ante el monumento que celebra su rebelión contra los soviéticos. Recordó al mundo que en la tierra de Polonia se jugó, varias veces, el futuro de Europa. Lo hizo en un discurso inteligente, claro y contundente. Todo lo contrario de sus homólogos del G-20. Merece la pena detenerse en sus argumentos porque significan un cambio decisivo en la política internacional de EEUU.

El recuerdo del sermón del papa Juan Pablo II fue conmovedor, pero lo decisivo fue decir: “Polonia es la historia de un pueblo que nunca ha perdido la esperanza, que nunca ha sido derrotado y que nunca se ha olvidado de quiénes son”. “Si no tenemos familias fuertes y valores fuertes, entonces somos débiles y no sobrevivimos.” Decirlo en Polonia es darle un respiro al país que se encuentra bajo la constante presión por parte de la Unión Europea para que cambien su política “reaccionaria” y dejen ya de defender la familia tradicional y que abren las fronteras para todos los refugiados sin control fronterizo.

No debió de agradar mucho al presidente ruso la constante mención por parte de Trump de la política criminal de la URSS, cuya caída fue llamada por Putin “la gran tragedia del siglo XX”. Aparte de la masacre no reconocida de Katyn que es, al fin y al cabo, historia, Trump llamó a Putin a dejar su política actual de desestabilización de Europa ya fuera en Ucrania, ya fuera en Siria o Irán. Además, prometió a Polonia, país dependiente del petróleo ruso, que los EEUU le garantizaría acceso a los recursos alternativos de energía.

Otro compromiso que Trump dejó claro es la seguridad de los miembros de OTAN y la aplicación del artículo V de la defensa de cualquier miembro que se encuentra atacado por otros países. EEUU venderá a Polonia el sistema de defensa más avanzado para marcar la diferencia con la anterior administración de Obama que en 2009 de repente tomó la decisión de abandonar su compromiso de mantener las instalaciones antimisiles. El gobierno polaco estaba tan indignado con esa decisión que no respondió a la llamada de Hillary Clinton, Secretaria de Estado en aquel entonces.

La señora Merkel debió de sentirse aludida cuando Trump criticó la política de fronteras abiertas para cualquiera sin el control más elemental de los documentos. “América siempre acogerá nuevos ciudadanos que aceptan nuestros valores y aprecian a nuestros ciudadanos, pero nuestras fronteras permanecerán cerradas para cualquier tipo del extremismo”.