Sólo la lluvia, que aplazó el arranque del partido durante 45 minutos, supuso un obstáculo este martes para Garbiñe Muguruza. A pesar del cansancio físico y mental que le supuso la batalla ganada el lunes a la número 1 de la WTA, Angelique Kerber, la española evidenció su estado de forma sobresaliente para ganar con autoridad a Svetlana Kuznetsova, una jugadora que volvía este peldaño de Wimbledon una década después. La veterana rusa nada podría hacer para evitar el despliegue de raza y clase de su oponente.
A pesar de haber tocado techo y haber logrado uno de los hitos de su precoz carrera, Garbiñe declaraba en la rueda de prensa posterior al exitoso duelo de ayer que "ahora lo que tengo en mi cabeza es el siguiente partido". Acababa de remontar a la dominadora de 2016 pero no analizó nada de lo vivido: tocaba, ipso facto, centrarse en el siguiente paso. Así, la jugadora que lleva sobre sus hombros la representación española a estas alturas del torneo británico, recalcó que sólo contemplaba el partidod e este martes.
"Todos los partidos que he jugado contra ella han sido difíciles. Tiene un estilo español, mucho talento y pega muy buenos golpes", aseguró de una Kuznetsova que ya jugó los cuartos de este campeonato en 2003, 2004 y 2007. "Con la experiencia vas aprendiendo. Cuando eres más joven es todo más dramático. Antes me llenaba la cabeza con cosas que me hacían verlo todo menos claro", avanzó Muguruza, al tiempo que su entrenadora, Conchita Martínez, confesó que veía a su pupila con "muchísima confianza y concentración".
Estos dos putntos condujeron a la tenista de 23 años a sacar de eje a la veterana. El primer ser se fracturó en el tercer juego: con 1-1, Muguruza rompió el saque de su oponente y, a partir de ahí, se disparó hasta el 5-2 casi definitivo. La potencia y el despliegue de la caraqueña indigestó el estilo y el ritmo pretendidos por Kuznetsova. No llegaba a las defensas y, aunque la española cometía tantos errores como golpes ganadores, su agresividad fue sostenida e intensa y desbordó a la rusa.
Las derechas, las subidas a la red y la tensión que metía en cada intercambio hicieron rebosar la resistencia psicológica de una Kuznetsova que sólo empezaría a rehacerse en al segunda manga. El primer periodo, paradigmático, concluyó con 6-3. La séptima favorita estaba cayendo con estrépito ante una decimocuarta cabeza de serie que defendería su servicio como un bastión inexpugnable.
Con ese mismo mantra arrancó la segunda manga. En ese cambio de sets se vio comprometida por primera vez y hubo de levantar una bola de break a las primeras de cambio. La veterana rusa, experta, reaccionó y elevó sus presataciones y el nivel de resistencia para equilibrar las fuerzas. Así, el devenir obedeció a las defensas plácidas del servicio hasta que Muguruza, con menos variedad en su paleta que en otras ocasiones, arrancó una ruptura en el cuarto juego, con 2-2.
Le tocaba a la hispanovenezolana confirmar el break en un juego uniformado como punto de inflexión. Kuznetsova, que nunca llegaría a jugar sobre su compás preferido, se remangó para batallar y colocó a la jugadora en ventaja una presión que volvió a pasarle factura: le cuesta más a la entrenada por Conchita jugar para adelantarse que para remontar. Pero la consistencia renovada de Garibñe trasladó los nervios a una rusa que mandó fuera una bola que colocó el 4-2 en su contra.
Fue el segundo juego más largo del envite y el definitivo. La perla nacional no acusó la merma de fuelle y la jugadora del este europeo sí. Le faltó chispa para responder al vaivén agresivo que le planteaba Garbiñe. El juego terso y acelerado de Muguruza movía a la rusa y ésta no alcanzó a neutralizar esa dinámica con regularidad. Sólo chispazos de la calidad que siempre tuvo la sostuvieron. Una volea sensacional le llevó a arrancar un acorte del electrónico sobre la caraqueña.
La paradoja sobre la que pereció el derroche de Kuznetsova es que asestó más ganadores (13-21) y cedió menos errores no forzados (13-11) que su contrincante, pero perdería con nitidez. Y es que estaba obligada a ganar cada punto varias veces y ese desgaste le pasó factura. La mentalidad de Muguruza, propulsada tras el sobresaliente sacado en el examen propuesto por Kerber, dio carpetazo a los cuartos de final en un ejercicio sobrio de solidez. Su defensa resultaba, sencillamente, excelente. Y ganó 10 de las 15 subidas a la red.
Nunca entregó su saque y con ese arma clausuraría el envite. Mostró este lunes su versatilidad, desplegando su cara más contenida e industrial, plena de aplomo, en un registro diverso sobre el que competió en citas anteriores. La tensión por ganar le sobrevendría con 5-4 y saque, pero un ace le allanó el camino. Svetlana no jugó su mejor partido y Garbiñe no perdonó en una batalla más sencilla de lo pronosticado.