El Tour de Francia 2017 parecía acoger una nuevo giro provocado por la mala fortuna. Esta vez fue víctima de un imprevisto con tintes definitivos Chris Froome, el líder de la carrera. Sin embargo, el británico salvó el estropicio sobrevenido y llegó a la meta de esta decimoquinta etapa, montañosa, con el resto de favoritos. No llegó en ese grupeto un Quintana abandonado ni tampoco Bauke Mollema, el triunfador del día.
El ciclista neerlandés, descartada su candidatura para la general, se dio una alegría luciendo su clase entre las montañas, los falsos llanos y los repechos que planetan las carreteras del Macizo Central francés. El compañero de un Alberto Contador que este domingo sí aguantó a los gallos culminó una larga y voluminosa escapada en Le-Puy-en-Velay. Lo hizo en solitario, tras atacar en el descenso del último puerto puntuable del día, despegando a cuatro perseguidores que encabezó Diego Ulissi.
Con 30 años, el undécimo en la general de 1016 y sexto en 2013, firmó una victoria parcial, su primer triunfo de etapa en la Grande Boucle, que llena de satisfacción a un corredor que vio cómo su rol de jefe de filas se vio reducido al de gregario del doble ganador del Tour madrileño. Pero, cuando el pinteño desbordó sus opciones de podio en París a las primeras de cambio, el neerlandés afiló el colmillo para terminar cosechando en un día en que la general fue convulsionada.
Un pinchazo complicó la respuesta de Froome al cambio de ritmo que acababa de disparar el AG2R del francés Romain Bardet, tercero de la general, en la subida al puerto de cuarta categoría de Saint Vidal. Tras un esfuerzo de 170 kilómetros, que incluyó el ascenso a los puertos de primera categoría Montée de Naves d'Aubrac y Col de Peyra Taillade, el líder del Sky se sobrepuso al percance al tiempo que Quintana se desplomaba. Perdería más de 10 minutos el colombiano.
Con Mikel Nieve y Mikel Landa como gregarios, Froome alcanzó a dar caza al ritmo pautado por el AG2R y el ataque de Bardet. Recondujo la situación dejando en nada una brecha que llegó a alcanzar el minuto, en el punto álgido de la desetabilización de la general. Pero, cuando llegó el maillot amarillo al grupo de favoritos, el respeto volvería a primar y no se registrarían movimientos (conscientes de los kilómetros de llano que separaban la última subida del final del recorrido) salvo el ataque, en bajada, de un Daniel Martin que arrancaría 12 segundos para ascender a la quinta plaza y desplazar a Landa.
"Tenía un problema en la rueda trasera, estaba rota. Mi compañero Kwiatkowski se ha parado y me ha dado la rueda porque el coche estaba lejos. Hemos dado el máximo para volver a la cabeza", declaró Froome tras el susto. El corredor que llega a la segunda jornada de descanso con 18 segundos de renta con el segundo clasificado, es consciente de la gravedad de lo ocurrido y ha reflexionado sobre ello: "Ha sido un momento de estrés, pensaba que no podría llegar a la cabeza de carrera". Y, por último, el nacido en Kenia ha agradecido a Landa y Nieve su apoyo. No en vano, gracias a ellos llega a la tercera semana de su Tour más complicado en la cima de la tabla.
La otra cara, la de la desazón porque sus opciones de título se hayan ido por la ventana, ha sido verbalizada por Nairo Quintana. Una mala decisión que le hizo competir en el Giro le ha dejado vacío y cada día es una via crucis para el cafetero. Y no lo esconde: "Fue una etapa dura, no sigo recuperando. Me he quedado e iremos día tras día. Seguimos luchando, avanzando para adelante sin rendirnos". "Es la cabeza la que manda pero cuando las piernas no responden, no responden", zanjó un ciclista impotente, que no ha sido apeado de la lucha por la gloria por caídas, sino por su propio déficit de rendimiento.