POR LIBRE
Joaquín Vila | Domingo 16 de julio de 2017
A nadie le extrañan ya las piruetas circenses de los políticos. Menos aún desde que apareció Pablo Iglesias colgado de una pancarta chavista. Aún así, todavía hay maniobras de nuestros dirigentes que deberían alarmar a la opinión pública por vergonzosas y esperpénticas.
Hasta hace un suspiro, García Page, presidente de Castilla-La Mancha por el apoyo de Podemos, pese a perder las elecciones frente a Cospedal, era un férreo defensor de Susana Díaz como candidata a la secretaría general del PSOE. Perdió por eso el apoyo del partido morado, pero mantuvo la poltrona. Por la boca de Page salieron sapos y culebras contra Pablo Iglesias y Pedro Sánchez. Su argumento habitual, cada vez que se le acercaba un micrófono o una cámara era que el Partido Socialista corría el riesgo de ser devorado por Podemos, como había ocurrido con IU, y que había que alejarse de ellos como de la bicha.
Convencido de que Susana Díaz arrollaría en las primarias, declaró que si ganaba las primarias el entonces ex secretario general, él se retiraba del partido. Pues volvió Pedro Sánchez, él se quedó en la presidencia de la Junta y en el PSOE y acaba de amarrar la poltrona formando gobierno con Podemos, el gran enemigo de su partido. Y ahí está. Sonriendo del bracete del portavoz de Podemos al que convertirá en vicepresidente. Y ahí está sin que se le caiga la cara de vergüenza.
Tampoco Podemos se ahorró epítetos contra Page cuando escoltaba a Susana Díaz. Le acusaban de ser más de derechas que Cospedal, de ser un vendido al PP, de llevar a Castilla-La Mancha a la ruina institucional y económica. Un traidor a las esencias de la izquierda. Pero, de pronto, en una nueva pirueta, ante el riesgo de perder la presidencia regional, la pareja reconciliada de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias ha hecho borrón y cuenta nueva y García Page vuelve a ser el hombre adecuado para llevar con pulso firme y progresista las riendas de la Autonomía. El traidor ya es el hijo pródigo.
Resulta curioso que ante esta ristra de mentiras y manipulaciones, nadie le ha dicho cuatro cosas a la cara a los caras de Page, Sánchez e Iglesias. Los tres justifican la mamarrachada con el argumento (u obsesión) de echar al PP de las instituciones. Y, así, Podemos entra en el Gobierno manchego para diseñar un futuro más próspero y feliz a los ciudadanos de la región, García Page sigue aposentado en la mullida poltrona y Sánchez e Iglesias siguen soñando con derribar a Rajoy. Todos felices. De momento, vuelven a reunirse este lunes para darle un buen repaso a la Constitución y proponer la fórmula mágica para evitar el referéndum catalán. Puigdemont espera ansioso, convencido de que la pareja le sacará del atolladero con la teoría de la plurinacionalidad. Pues al igual que Junqueras y la CUP con eso se conforman.
Pero qué importa la realidad, mientras Pedro Sánchez y Pablo Iglesias puedan exhibir sus piruetas circenses ante la progresía nacional con las cámaras de sus dos televisiones enfocándoles sin parar. El esperpento ha vuelto.Y García Page sigue.