De la desunión a la hora de conmemorar el horrendo crimen de Miguel Ángel Blanco, ícono y emblema del ciudadano medio español, pasaremos al absoluto olvido de esta tragedia. Los políticos harán todo lo posible porque nuestra sociedad se niegue a la tarea del recuerdo crítico del pasado trágico. Porque ellos saben los peligros que trae el recuerdo para la élite dirigente, apuestan por negar las desgracias pasadas para que nadie ose pensar las genuinas esperanzas. Nuestros partidos políticos mantienen los espejos velados para no toparse con sus propias imágenes. De ahí que nadie decente espere casi nada de la actual política española. La razón de los partidos políticos naufraga entre los hechos. La degradación de la política municipal y autonómica sólo tiene parangón con la nacional. Ni siquiera son capaces de ponerse de acuerdo para definir los grandes acontecimientos de los últimos cuarenta años, por ejemplo, el asesinato sistemático de una banda criminal, ETA, contra los españoles. ¿No será que los criminales de ETA tenían los mismos objetivos políticos que los nacionalistas, los comunistas, los podemitas y algunos socialistas? De los populares mejor no hablamos.
Si la casta política no se pone de acuerdo en reconocer que un país también es un patrimonio de desgracias, entonces difícilmente serán capaces de pactar las reformas necesarias para dinamizar la vida democrática. Esto está parado y bien parado. El control de los poderosos sobre los medios de comunicación empieza a ser sofocante. Solo hace falta ver la televisión de los mercaderes, o sea, los de la Sexta y Antena 3 y los de Telecinco y y la Cuatro, al servicio del gobierno de turno para saber que aquí no se va a mover nadie. Todo es un teatro malo. Guiñoles movidos por intereses particulares y resentidos. No creo que la casta política lleguen a ningún acuerdo para reformar nada. Salvo en seguir esquilmándonos a impuestos a los sufrido contribuyentes, todo será brochazo gordo, o sea, sumar los votos de los socialistas y los de podemos por un lado, contra los del PP y C´s por otro lado. Para que luego digan que la realidad no tiene muchos lados. Siempre diremos “por un lado” y “por otro”. De risa. En eso consiste nuestro pluralismo político de cartón-piedra. Empiezo a tomarme en serio esa opinión que considera que nuestros políticos, acompañados por sus ideólogos de la tele, no sirve ni para abonar el campo.
¡Y qué decir de nuestro mundo de la cultura! La cosa tampoco está para tirar cohetes. Decía María Zambrano que “la unidad de una cultura proviene del sistema de esperanzas que en ella se dibuja”. ¿Cuál es el “sistema de esperanzas” de la cultura española?, ¿cómo ha transformado nuestra cultura (el cine, el teatro, la novela, la poesía, la filosofía, el ensayo, etcétera) el crimen y el horror, la tragedia real, en una obra de arte o de ciencia?, ¿cuál es el valor genuino de nuestra cultura para transformar un sistema político pervertido por las “élites” económicas y de los partidos políticos en un sistema de esperanzas? La respuesta es sencilla. Apenas hay unos cuantos libros y unas pocas películas que dicen algo, por ejemplo, sobre los miles de asesinatos de ETA contra los españoles. Sí, contra los españoles, porque ETA no mataba a socialistas, populares, guardias civiles, policías, ingenieros, amas de casa, profesores, estudiantes y gentes con cualquier otra profesión, sino que mataba a esos seres humanos solo por ser españoles. Asesinaban España porque la odiaban y la sigue odiando.
Nuestro sistema de esperanzas ha empeorado ostensiblemente respecto al pasado. ¿Cuál es la unidad de nuestra cultura, o sea, cuál es el sistema de esperanzas que ella nos dibuja? Ninguno. Es cierto que la cultura de España es inmensa. Sobrepasa incluso a quienes la cuestionan. En los lugares más remotos de nuestra geografía física y humana se alojan joyas culturales españolas de carácter universal. Sin embargo, pocas manifestaciones culturales quieren saber que ha pasado en estos últimos cuarenta años con nuestra unidad cultural. ¿Qué ilusiones y expectativas contiene esa cultura?, ¿dónde están las grandes obras de arte y literatura?, ¿dónde moran nuestros poetas y nuestros críticos literarios?, ¿dónde el pensamiento que haga de la necesidad virtud?, ¿cuántas lecturas hallamos hoy en las librerías de nuestros grandes literatos y filósofos para aquí y ahora?… En fin, ¿quiénes nos relatan el crimen cometido contra las esperanzas que albergaba nuestra cultura? No lo veo por ningún sitio.