Editorial

Venezuela no quiere a Maduro

Martes 18 de julio de 2017
Este pasado fin de semana, más de 7 millones de venezolanos votaban en contra del autogolpe de estado que pretende dar Maduro con su proyecto de asamblea constituyente paralela. En su mejor momento, Chávez obtuvo el respaldo de poco más de 3 millones de votos, lo que da idea del enorme valor cuantitativo -y también cualitativo- de esta iniciativa opositora.


El régimen chavista se halla enrocado en una suerte de huída hacia delante, en una continua deriva hacia el caos de imprevisibles consecuencias. La oposición está demostrando una fortaleza con la que no contaba el oficialismo. Ni los escuadrones chavistas armados ni la beligerancia de las fuerzas armadas parecen disuadir a una ciudadanía hastiada de totalitarismo.


Salvo Cuba y la extrema izquierda española, pocos apoyos le quedan a Maduro. Venezuela es, a día de hoy, un narcoestado cada vez más aislado internacionalmente y con una situación interna al borde del enfrentamiento civil. Si el signo político del régimen chavista fuese otro, ya habría manifestaciones en toda Europa pidiendo su fin. Que es, de hecho, lo que deberían estar haciendo todos los que dicen abanderar la causa de los derechos humanos, inexistentes en la Venezuela de Maduro.