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El PSG ataca de nuevo: ¿es capaz de sacar a Neymar fuera del Barcelona?

MERCADO DE FICHAJES

M. Jones | Martes 18 de julio de 2017
Los parisinos ansían dar un golpe planetario sobre la mesa para disparar sus opciones de alcanzar la Champions.

Nasser Al-Khelaifi, presidente del Paris Saint-Germain, y el padre de Neymar se reunirán a lo largo de esta semana. El hombre que maneja los designios del astro brasileño de la actualidad viajará a la capital francesa para retomar los contactos entre dos partes que ya han charlado en otro par de ocasiones. Esa noticia, filtrada este lunes -los síntomas señalan hacia los amigos de Ney, conocidos como "toiss", como autores del 'descuido'- ha generado una polvareda de dimensiones proporcionales al enfado granjeado a una directiva culé necesitada de legitimidad. Y es que los ánimos no bajan calmados en Can Barça tras un doblete merengue y sin un fichaje pomposo que llevarse al paladar. Y estamos a mediados de julio.

El caso es que el manido entorno del 10 de la Canarinha ha dejado caer que el futbolista estaría interesado en escuchar la oferta que el PSG le pondría sobre la mesa y que ha enviado a su progenitor como emisario de su deseo. A pesar de haber recalcado, en repetidas ocasiones, que su anhelo es seguir jugando al lado de Leo Messi y ganando trofeos en el Barcelona, este presunto cambio de parecer ha tomado cuerpo hasta el punto de colocarse en una misma habitación con un dirigente que no comprende de derroches financieros y que afila su colmillo por hincar el diente sobre un crack para dar el salto definitivo que coloque a su inversión, al fin, en el mismo prisma deportivo que aquellos que luchan, con garantías, por la Liga de Campeones. El objetivo futbolístico por el que el Emir de Catar puso sus talones en el decrépito club francés.

"Estoy adaptado, pero todo puede pasar y quién sabe el día de mañana", respondió hace un par de semanas a una cuestión sobre su futuro, en plena horquilla vacacional. Esa declaración en claroscuro pasó de largo, no sin regalar desazón al azulgrana que la escuchó, pero no había trazas de contacto con ningún contrincante de entidad. Ahora parece que sí. Y el transatlántico que va a tratar de camelar a Neymar senior es el mismo que se retuerce, entre rabioso e impotente, por no haber podido cazar en el desairado enfado de Cristiano Ronaldo, primero, y en la juventud inexperta de Mbappe, hace días. Ni siquiera una llamada de Emery pudo amarrar a la perla del Monaco.


Esto último, que parecía una operación más realista que la del Balón de Oro luso, ha escocido mucho a un presidente que ya alcanzó a emborrachar a Ney cuando la Hacienda española tronaba sobre su puerta a cuenta del fichaje por el Barça. Allá por 2015 juntó delante de su padre una proposición un tanto indecente: 40 millones de euros de salario anual. En la actualidad, el extremo brasileño recibe un estipendio de 15 millones.

Entonces, el club reaccionó con celeridad y efectuó una renovación lo suficientemente sabrosa desde lo económico como para que el jugador entendiera que al lado de Messi y de Suárez iba a gozar sobre el verde desde ya. Sin tener que liderar un proyecto a medio plazo. Y así fue. El puntal más artístico del tridente aceptó el menú que le ofreció Bartomeu. Pero, eso sí, el presidente blaugrana se aseguró el disparo hasta la hipérbole de la cláusulua de rescisión del maleable delantero: 200 millones en el curso que acaba de concluir, 220 desde el 30 de junio y 250 en el ejercicio 2018-19. Esa cobertura de espaldas es la que ha llevado al secretario técnico de la entidad catalana a afirmar, con rotundidad, la imposibilidad de la fructificación de la maniobra parisina.

"¿Un Barça sin Neymar? No va a pasar que un club pague la claúsula de Neymar". Además, no ha habido ofertas por nadie", ha respondido Robert Fernández en la sala de prensa de la Ciutat Esportiva del vigente campeón de Copa del Rey. Horas después, el portavoz de la directiva, Josep Vives, no se mostró tan escueto para subrayar la placidez con la que la entidad ha recibido el golpe bajo: "Nosotros estamos tranquilísimos, queremos que Neymar siga siendo tan feliz aquí como es ahora y que siga jugando como juega y que siga creciendo en el Barcelona. Es un jugador espléndido, uno de los mejores del mundo, y estamos encantados todos y él con nosotros".

"No pasa por el imaginario del club que se vaya Neymar. Queremos seguir con el equipo maravilloso que tenemos del que él es un emblema. Ni siquiera estudiaríamos una oferta por alta que fuera ni nos planteamos una venta. Neymar forma parte de un tridente sin comparación en el mundo del deporte y que supone un patrimonio deportivo y social sin parangón", zanjó.

El caso es que la discutida directiva heredera y connivente con el discutido y recluso Sandro Rosell se encuentra calibrando la repercusión de los caminos que pueden desencadenarse. Porque el club, que ha manejado una cifra récord de ingresos (708 millones, 13 más de lo previsto), sin embargo encuentra complicaciones para acometer fichajes muy costosos y conjugar ese gasto con el pago del marciano salario recién firmado para La Pulga y, además, con la construcción del Espai Barça (en torno a 600 millones de euros). Es decir, la mejora de la plantilla no resulta pan comido por los compromisos adquiridos. Si no, Marco Verrati ya habría lucido la azulgrana y hablado de la emoción de sentirse liberado de la reclusión a la que estuvo sometido por el Emir de Catar (según declaró su representante) antes de comprender que se quedaba y verse constreñido a disculparse ante todos.

La presión por saberse mutilados para invertir en el centro del campo y cimentar un ascenso de nivel competitivo es tan pesada como la visualización de lo abrasivo del paisaje posterior a dejar salir a Neymar para cuadrar todas esas cuentas. El brete no tiene salida digerible: o se arrastra otro ejercico en el que el técnico de turno haya de obrar una extracción de los recursos sublime para paladear el éxito de nuevo o se afronta una salida del palco. No se perciben grises en esta tesitura maniquea. Y Bartomeu hace tiempo que para muchos culés no queda como el bueno.

Por otro lado sobrevuela la dureza de Al-Khelaifi. Por voluntad del representante del tótem de Catar la defensa del Barça ha ido decayendo en consistencia hasta el chásis evidenciado en el curso concluidohace mes y medio. Thiago Silva, Marquinhos e, incluso, David Luiz fueron objetivos prioritarios e infructuosos de la secretaría técnica catalana. Todas esas tratativas de fichaje quedaron en portazos sonados, obligando a Sergi Roberto, Mathieu, Mascherano y compañía a jugar en roles que no les son familiares para suplir la retirada de Puyol y la fuga de Dani Alves. "Si el Barcelona paga la cláusula de Thiago Silva, nosotros pagaremos la de Messi", proclamó, orgulloso, el mandatario parisino en 2013. Y hasta Di María ha caminado por las carpetas de la cúpula barcelonesa antes de caer del lado financiero más vigoroso.

Es un advenedizo en este deporte y en sus lógicas de funcionamiento -lo mostró denunciando, sin disimulo, un boicot arbitral en su contra tras ser arrollado y remontado por el Barça y desafiando a los aristócratas con arrancarles a sus mejores jugadores-. Por eso se le atiende entre el escepticismo de su poder y el temor a su poder. En este sentido, y en el relativo al Fair Play Financiero, el margen del catarí es relativo. Dejarle hacer no aparenta ser una buena estrategia. O sí. Y más si se filtra, desde el interés de Neymar Jr, que el estelar regateador quiere volar solo y liderar un proyecto en solitario, sin ceder foco al mejor jugador de clubes de la historia. En cualquier caso, los medios franceses se relamen, como hicieron cuando Ronaldo se dejó querer por el PSG (un par de veces, la última en la resaca de la Duodécima) y cuando los petrodólares casi ponen el lazo a Ney con 190 millones como tarjeta de presentación para negociar (el pasado verano). Saben que el carioca podría representar una suerte del papel de Michael Jordan para el balompié galo. En un mercado de calado mundial. Y el futbolista también atisba la pompa del lujo a degustar.

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