Miércoles 19 de julio de 2017
El consejero de Interior, el director del 112 y el de los Mossos son los últimos en tomar distancia de un Govern cada vez más escorado hacia la radicalidad extrema. Se da la circunstancia de que estas tres personas eran altos cargos con responsabilidades directas en materia de seguridad, tema éste sumamente sensible dentro del enorme sinsentido en que se ha convertido el procés.
Cuesta creer que no queden ya en las filas del nacionalismo catalán políticos con un mínimo de sensatez. A día de hoy, la Generalidad está regida por los antisistema de la CUP y el sector más radical de Esquerra, tomando como rehenes a todos los catalanes con el objeto de segregar a Cataluña del resto de España.
Junqueras y Puigdemont, pues, están laminando a todo aquel que vacile lo más mínimo a la hora de llevar a cabo la “desconexión”. Por otro lado, son conscientes de la flagrante ilegalidad de sus actos, de ahí que se dediquen más a amagar y anunciar que a ejecutar stricto sensu, aunque sólo es cuestión de tiempo. Y cuando llegue ese momento, será imprescindible que el Gobierno tenga a su lado a todos los partidos constitucionalistas, por cuanto se trata de una cuestión vital donde no caben partidismos y sí la defensa del estado de derecho.