Editorial

Seguridad en Jerusalén

Domingo 23 de julio de 2017
Hace poco más de una semana, dos policías israelíes eran asesinados por un palestino. Desde entonces, el gobierno de Israel decidió instalar detectores de metal a la entrada de la Explanada de las Mezquitas, como los que hay hoy en tantos lugares. Lejos de aprobar dicha medida, los palestinos en su conjunto -tanto los terroristas de Hamas como la Autoridad de Cisjordania- se han echado a la calle para protestar fe dorma violenta por lo que consideran “un atropello”.

Es llamativo ver determinados titulares que parecen realzar la “causa palestina” a cualquier precio, consumidos por un nutrido sector de la opinión pública que roza peligrosamente el antisemitismo. Podrá estarse más o menos de acuerdo con la política de Netanyahu, pero en materia de seguridad, cual es el caso, caben pocas componendas.

Vigilar que no se entre con armas a la Explanada de las Mezquitas es algo tan elemental que cuesta creer que haya quien se oponga. Salvo, claro está, que se tenga algo que esconder. Con esta medida, las autoridades israelíes velan no solo por la seguridad de sus nacionales, sino por la de todos los turistas que frecuentan uno de los lugares más visitados del mundo. En manos de las autoridades palestinas está: combatir el terrorismo o seguir amparándolo.