Como no podía ser de otra manera. El cardenal Ricardo Blázquez, Presidente de la Conferencia Episcopal Española y Arzobispo de Valladolid ha sostenido que “la persona y el trabajo son inseparables en el proyecto de Dios” y ha pedido que “no haya eternos condenados a no trabajar juntos”
Unas palabras definitivas pronunciadas durante una homilía durante la Eucaristía que se hace celebrado en la Catedral de Ávila con motivo de la celebración del Movimiento Mundial de Trabajadores Cristianos que ha reunido en la capital abulense a más de un centenar de delegados de 42 países.
Ricardo Blázquez que nunca “da puntada sin hilo” se ha felicitado de la elección de Ávila para el Seminario Internacional y la Asamblea General del Movimiento de Trabajadores Cristianos, “a dos pasos-ha dicho- de donde vivió Santa Teresa casi treinta años y desde donde salió para iniciar la reforma del Carmelo Descalzo”. El Presidente de la Conferencia Episcopal Española ha recordado también que Jesucristo tuvo tres destinatarios en sus actitudes: los pobres, los afligidos y los pecadores, “son tres grupos a los que probablemente no se puede separar”. Don Ricardo ha hecho referencia a Jesús pues” trabajó con manos de hombre”. “Seamos reflejo de Jesucristo trabajador y estemos cerca de las personas abrumadas a veces por el peso de sus trabajos”. “La persona y el trabajo son realmente inseparables en el proyecto de Dios”.
Como no, también Blázquez ha hecho referencia al Papa FRANCISCO al manifestar que “resulta humillante cuando a unas personas se les impide el poder ganarse el pan con el sudor de su frente”, y ha recordado, una vez más, que “hay trabajo sumamente precario, muy coyuntural e insuficientemente remunerado”.
“Una persona que no trabaja es una persona frustrada”, ha afirmado don Ricardo, por esos- ha dicho- “necesitamos el trabajo para nuestra realización personal e ir creciendo en calidad y dignificación de nuestra vida”.
En definitiva, unas palabras “muy clarificadoras” de la máxima autoridad de la Iglesia en España dichas ante un auditorio muy heterogéneo, pero con un afán común: el trabajo. Unas palabras que son un nuevo toque de atención en un momento donde muchos aplauden la precariedad de los contratos de trabajo, en favor de “sus máximos beneficios personales”.