Opinión

Una conversación sobre Europa

TRIBUNA

Juan José Solozábal | Martes 25 de julio de 2017

Intervengo en la sesión de clausura, junto a los profesores Mattias Kumm y Diego López Garrido, de un Congreso sobre globalización y constitucionalismo, que ha organizado la Universidad de Castilla La Mancha en Albacete, bajo la impecable dirección de José Luis García Guerrero. La cuestión que se suscita en primer lugar es la de la situación de la Unión Europea en la actualidad. Se trata de saber si el momento de crisis ha de aprovecharse para, como sugirió Jean Monnet, dar un paso adelante, o si más bien, lo que procede es tomarse un tiempo para la reflexión y llevar a cabo la introspección crítica.

De todos modos no estamos absolutamente de acuerdo en la diagnosis. El profesor Kumm cree que, tras la prueba de las elecciones holandesas y la victoria de Macron, e incluso algunos gestos indirectos de la Reina Isabel de Inglaterra, se podría abrir un horizonte de esperanza en la Unión, conducida por un liderazgo, como el asumido por Alemania y Francia, de un europeísmo más intenso que nunca. Yo, en cambio, me permito templar algo este optimismo. Persisten actitudes preocupantes: me refiero a los planteamientos autoritarios de algunos países de la Unión, así Hungría o Polonia, que parecen desconocer las mismas bases constitucionales del sistema, sin descontar el ejemplo de egoísmo supino que la mayoría de los miembros europeos están mostrando en la crisis de los refugiados, comenzando, inexplicablemente, por España. También me muestro reticente a contemplar benévolamente la salida del Reino Unido de la Unión, como una oportunidad para ésta. Se me hace difícil obviar los aspectos catastróficos del abandono británico, de modo que lo que seguramente habría de elegirse es un camino de separación lo menos traumático posible y una política que a medio plazo rectificase la vía emprendida en un referéndum malhadado.

La discusión sobre la futura forma política europea se plantea en dos escalones. Primero, se trata de saber si las mejoras en el funcionamiento institucional de la Unión deben orientarse a la parlamentarización del sistema o al reforzamiento de los controles nacionales sobre la actuación del Consejo, persistiendo entonces en la condición intergubernamental de la organización.

Convenimos en que la vía que se elija debe incrementar la capacidad y visualización de un auténtico gobierno europeo, con capacidad de intervenir inmediatamente en la resolución de las cuestiones vitales para la vida política común.

El segundo escenario de las reformas es el territorial y ha de presentarse con una significación inequívocamente federal. El problema federal, dice el profesor García Guerrero, siempre suscita la cuestión competencial. Quizás esta temática no pueda resolverse sin tener en cuenta dos aspectos. Ha de considerarse, en efecto, el juego del principio de subsidiariedad, de modo que cada nivel de gobierno resuelva los asuntos que mejor pueda llevar a cabo, esto es, de manera más eficiente; y además ha de tenerse en cuenta que el federalismo como forma de gobierno no atiende sólo al plano de los integrantes de la federación sino a las demanda de esta. La organización federal necesita sin duda alguna de un ejecutivo común dotado de los poderes que un auténtico estado requiere para afirmarse como unidad de acción.

Es curioso, advierte López Garrido, cómo se reproducen en el nivel europeo los problemas que la delimitación competencial plantea en la discusión, que sobre la reforma federal tiene lugar en el plano español. En efecto, el replanteamiento competencial en el estado autonómico requiere de una clarificación constitucional de las atribuciones respectivas entre el centro y las autoridades territoriales, pero sin excluir un reforzamiento de los poderes del estado, caso de que fuera necesario.

Al finalizar el debate, tanto el profesor López Garrido como yo manifestamos nuestra sorpresa por la retracción que entre los jóvenes españoles parece tener la problemática europea, a juzgar por el poco relieve que los asuntos de tal tipo ocupan en la agenda política. Incomprensiblemente para nosotros el horizonte europeo no figura en las preocupaciones de nuestros políticos, especialmente de los más jóvenes, lo que constituye una manifestación preocupante más del provincianismo español. Aquí hay un motivo de reflexión, que dejamos para más adelante, tras las vacaciones.