Opinión

Las vacaciones de Cifuentes

TRIBUNA

Juan José Vijuesca | Miércoles 26 de julio de 2017

Como casi todo en esta vida la cosa puede comenzar bien o mal. Incluso puede que peor para unos muchos. Pero es lo de costumbre. Es decir, nada nuevo. Llega el verano y con él las ilusiones de cuantos hacen proyectos vacacionales. Y aquí lo que impera es esa manera de enfocar los sueños realizables de cada cual.

Doña Cristina Cifuentes ha dicho que este año se queda en Madrid. No coge vacaciones y lo dedica a trabajar. Enseguida las voces del desacuerdo han comenzado a levantarse en su contra. Sin ir más lejos, la portavoz municipal, Rita Maestre, ha puesto oficialidad a la decisión de la presidenta Cifuentes:"Vamos a ver si aclaramos puntos de derecho laboral básico; las vacaciones no son voluntarias, son un derecho" y además ha añadido que tener vacaciones es un derecho que se obtuvo después de "grandes luchas" y que no depende ni de "la generosidad del empleador" ni de las "ganas de trabajar del trabajador" sino que "está recogido en la Constitución Española"

Todo muy respetable, pero hablar de la Constitución en plena canícula da mucha pereza, que quieren que les diga; de manera que cada cual opte por disfrutar según le convenga. Los hay que se pueden permitir el lujo por lo exótico. Viajan a la Patagonia o a la China profunda, por poner ejemplos lejanos. Otros plantan el dedo sobre el globo terráqueo, cierran los ojos, y allá donde caiga el índice se hace destino. Luego está la playa, la montaña, el pueblo o la nada. Para toda esta gama de versiones siempre hay un antes y un después.

Les decía lo de comenzar bien o mal por aquello de las circunstancias personales que acontecen, según sean los casos. No olvidemos que las vacaciones es un fenómeno muy personal que atenta directamente a la salud económica en general, y en particular a la energía corporal de cada cual (léanse achaques o penurias). A la hora de tomar las maletas de ida se produce una regresión hacia la libertad de mente y espíritu. Es la descarga inicial que el subconsciente nos regala. Otros lo definen como nervios.

Lo cierto es que el estado vacacional siempre fue considerado más un premio que un castigo; lógico por cuanto la necesidad supera al esfuerzo físico y mental de todo un año trabajando. Conviene, por tanto, cambiar de paisaje y de paisanaje para depurar el karma acumulado. Hasta aquí la cosa parece sacada de lo previsible en circunstancias normales y a favor de obra, pero miren ustedes por donde que cuando toca hacer las maletas de la vuelta se produce un efecto secundario inexplicable. Me refiero a lo que han dado en llamar el “síndrome postvacacional”. Este fenómeno no es otro que el tener que volver a la cruda y dura realidad de las obligaciones.

Creo que la estupidez humana está ganando terreno de manera alarmante. No se entiende como después de unas plácidas vacaciones haya quienes al regreso de las mismas deambulan como almas errantes. Incluso los hay que recurren al psicólogo buscando solución a su frustrante estado de ánimos. No es casual que sea justo después de vacaciones cuando se llenen las consultas de dichos profesionales e incluso las de los abogados expertos en divorcios.

Cada cual es libre de actuar con la inercia de su mejor aquiescencia, pero cuando una parte de la sociedad cae en la simpleza de arrestos por haber descansado plácidamente, eso puede resultar preocupante, sobre todo por el agravio comparativo respecto de quienes no pueden disfrutar vacaciones a lo largo del año.

De manera que nada de extraño tiene que la presidenta Cifuentes opte por no coger vacaciones. Ella no se la juega. Es muy dedicada a su cargo y dice disfrutar con lo que hace. Lo cierto es que esta mujer vale igual para un roto que para un descosido. Ojalá alguien del Partido Popular caiga en la cuenta antes de que sea tarde. En fin, ella se queda y a mí me ha servido para escribir este artículo. No se puede pedir más.