“Nadie se acuerda ya de los odios pasajeros de aquella lucha”
Carta de Rodó a Clarín, 1897.
Cataluña ha homenajeado a un grande de la América Española. Porque la Casa Amèrica Catalunya y Diplocat han conmemorado el centenario del uruguayo José Enrique Rodó. Y a la grandeza de la identidad hispanoamericana es a lo que Rodó consagró su obra. Para muestra, tres cartas:
A Clarín (1986): “Bien me ha interpretado usted cuando en un periódico de Barcelona me presenta como partidario de la unión estrechísima de España y América. A contribuir en la medida de mis fuerzas en tan fecunda unión, he dedicado y me propongo dedicar en lo futuro muchos de los afanes de mi labor literaria”.
A Rubió y Lluch (1898): “Hace algún tiempo que trabajo por estrechar los lazos de fraternidad moral e intelectual que deben unir a los pueblos de América con España, y en esa tarea debo estímulos muy valiosos a escritores de la significación de Clarín, Rafael Altamira y Salvador Rueda, a cuyos ilustres nombres agrego complacido el de usted”.
A Unamuno (1900): “Si pudiéramos trabajar de acuerdo aquí y allá, y llegar a una gran armonía espiritual de la raza española, ¿qué más agradable y fecundo para todos?”. Y le envía la primera edición de Ariel con su anhelo sobre: “La repercusión de la propaganda que yo quiero promover en esa España que todavía consideramos como el hogar venerable de nuestra raza y nuestro espíritu”.
Este fue Rodó. ¿El rememorado? La nota de prensa dice: “Cataluña homenajea al uruguayo José Enrique Rodó en el centenario de su muerte. Diplocat y Casa América Cataluña han recordado sus orígenes catalanes y su visita a Barcelona”.
Lo que en realidad significa: El nacionalismo catalán instrumentaliza el centenario de Rodó a dos meses del referéndum del 1 de octubre. Coorganiza Diplocat, consorcio presidido por la Generalidad para sabotear la soberanía española. Auspicia Casa Amèrica Catalunya, constituida en 2005 sobre la desafección de sus orígenes.
Suerte que Rodó está vivo y podemos dialogar con su obra. A los primeros: “¡Hombres del Diplocat, miembros del Consejo de Diplomacia Pública de Cataluña! Equilibrad vuestro entusiasmo con una reflexiva admiración. Mantened, amad la patria chica, pero amadla dentro de la grande. Pensad cuan dudoso es todavía que el sentido moral de la humanidad asegure suficientemente la vida de los Estados pequeños. No os alucinéis con el recuerdo de las repúblicas de Grecia e Italia. Considerad que no en vano han pasado los siglos, y que hoy son necesarias las capacidades de los fuertes para influir en la civilización”.
Y a los anfitriones: Casa Amèrica Catalunya…, que según dices “desde 1911 consolidas los vínculos que unen Latinoamérica y Catalunya”, recuerda que cuando naciste como Casa de América de Barcelona, tu estatuto primero rezaba: “Queda constituida en Barcelona una corporación, cuyo objeto es el fomento de las relaciones entre americanos y españoles en todos los órdenes”.
Anuncio que recibió Rodó con tanto gozo, que escribió al presidente de la inaugurada sociedad barcelonesa: “La aproximación moral e intelectual de los pueblos hispanoamericanos –incluyendo a su antigua metrópoli, que tiene imprescriptibles derechos a que se la considere, además de española, americana–, es un ideal a cuya progresiva realización deben su concurso cuantos tienen algún medio de influir en la opinión; y por mi parte nunca escatimaré la ayuda que sea capaz de prestarles”.
La misiva le fue agradecida por el entonces secretario Rafael Vehils, que en agosto de 1916 hizo de cicerone a Rodó durante su breve paso por Barcelona. Pero todo eso lo narra el uruguayo divinamente en sus crónicas catalanas. Crónicas esmeradamente analizadas por la historiadora María Saavedra en su reciente monográfico: “El nacionalismo catalán hace cien años. Una mirada rioplatense: José Enrique Rodó en Barcelona, 1916”.
La doctora Saavedra, por cierto, acaba de tender más puentes entre España y Rodó. Ha sido en el Congreso Internacional José Enrique Rodó 1917-2017. Un homenaje organizado en Montevideo por la Sociedad Rodoniana, con la participación de veintidós universidades de todo el mundo, más el apoyo del Parlamento y la Presidencia de la República del Uruguay.
La Sociedad Rodoniana, como recuerda el programa del Congreso: “Fue creada en 2009 para trabajar sobre la obra y la vida de José Enrique Rodó, en función de los desafíos y problemas de nuestro tiempo”. Y así puede ser. Porque la obra de Rodó, como no dejo de comprobarlo desde hace años, es hoy especialmente retadora.
Pero si tiene porvenir, es justo porque fue construida atendiendo al pasado. Con unidad en lo esencial, libertad en la duda y amor en todo. Que así es como se hace el ayer de mañana; o sea, el futuro. En fin. Bastante han falsificado a Rodó en su tierra natal durante medio siglo, para vengan ahora de la tierra de su padre a ponerle la barretina.
Rodó sabía perfectamente cuando se jodió el Uruguay, toda la América Española. Por eso puso de prólogo a su Ariel aquella crítica de Clarín en El Imparcial que terminaba: “Como se ve, lo que Rodó pide a los americanos latinos es que sean siempre lo que son, es decir, españoles, hijos de la vida clásica y de la vida cristiana”. Roguemos con el mayor entusiasmo. Nos jugamos, junto al himno de la nación, el salmo de la libertad.
San Lorenzo de El Escorial
27 de julio de 2017
Imágenes
1.- Óleo de Rodó pintado por Manuel Barthold (circa 1912).
2.- Primera página del manuscrito original de Ariel (1899).
3.- Rodó (izda.) embarcado hacia Europa en julio de 1916.