Opinión

Venezuela y la socialdemocracia

TRIBUNA

Agapito Maestre | Lunes 07 de agosto de 2017

Los demócratas del mundo están perdiendo la batalla de Venezuela, sencillamente porque no la están dando. Las condenas son con la boca pequeña y cerrando los ojos ante una tragedia gigantesca y terrible. Las repercusiones sobre toda Hispanoamérica hace tiempo que están haciéndose notar, pero no se ha querido ver sus proporciones reales. Veinte años llevaba incubándose esta dictadura atroz. Son los mismos años que comunismo criminal de origen cubano lleva instalado en la bella Venezuela. Algunos denunciamos muy pronto esa situación y, naturalmente, fuimos estigmatizados por la obtusas mentes que hacen de la ocultación de la fatalidad su forma de vida, pero eso ya no tiene importancia. La situación es aún más grave, pues que todos aquellos que negaban lo real, seguramente, ahora seguirán mirando para otro lado, o peor, quizá terminarán apoyando el feroz régimen totalitario de Maduro.

A la tragedia política, social y económica que vive Venezuela por la dictadura de un sátrapa, que es apoyado por una internacional comunista fácilmente reconocible, es menester agregarle un nuevo problema: la crisis de la socialdemocracia mundial. Esta crisis, sin duda alguna, derivada de una ola de fanatismo revolucionario que promete acabar con la democracia está haciendo estragos en el socialismo. El enfrentamiento que se vive en el seno de la socialdemocracia mundial es preocupante para el futuro del mundo libre. La Internacional Socialista ha empezado a dudar, como en sus peores tiempos, entre revolución y democracia, entre violencia revolucionaria y conflicto democrático. No se crea que el apoyo de Rodríguez Zapatero a Maduro es una singularidad del socialismo español. Hay muchos otros socialistas en Europa que hasta hace muy poco venía prestándole legitimidad a esa dictadura y otro tanto sucede en el laborismo británico.

Es claro que en España González está enfrentado por Venezuela no sólo a Zapatero sino también al actual secretario general del PSOE, quien ha denunciado con la boca chica el autogolpe de Maduro para endurecer la dictadura venezolana. Ese enfrentamiento, grave y complicado, dentro la socialdemocracia está paralizando no solo la ayuda a los socialdemócratas encarcelados y perseguidos en Venezuela y otros países totalitarios, sino que podrían abandonar fácilmente los grandes valores que caracterizaron al socialismo democrático: solidaridad internacional con los perseguidos por las dictaduras, lucha por la igualdad y por la conquista de los derechos políticos. La cosa, pues, es seria. Yo, al menos, no descarto la posibilidad de que Sánchez, que ha seguido a pies juntillas a Podemos ante el referéndum catalán, también lo siga en un futuro próximo en el apoyo a Venezuela…

Dramático es que Rusia, China, Irán, Bolivia, Cuba y otros dictaduras similares apoyen al régimen criminal de Venezuela, pero sería aún más trágico que el resto del mundo libre critique solo de pasada las dictaduras comunistas, entre otros motivos, porque la socialdemocracia europea abandona sus principios fundamentales. En fin, las tragedias nunca viene solas, reconozcamos que los valores democráticos y, por supuesto, los valores de la igualdad antepuestos por la socialdemocracia mundial están cediendo frente a la presión de la violencia y el terrorismo revolucionario. El sátrapa Maduro no está solo. Tiene apoyos muy importantes. No aceptar esta terrible realidad es nuestro mayor peligro.