Editorial

Juana Rivas y la tentación de santificar la ruptura de la ley

Viernes 11 de agosto de 2017
La opinión pública española vive justificadamente alarmada por la intolerable frecuencia de numerosos casos de violencia de género. Y ello ha empujado a numerosos medios a apoyar, mas o menos explícitamente, la rebeldía de Juana Rivas, negándose a cumplir una resolución judicial que la obligaba a entregar sus hijos -a quienes había sacado ilegalmente de Italia- a su padre y ex-marido, acusado y con antecedentes de malos tratos.
Es muy posible que la situación que esté viviendo Juana sea angustiosa y moralmente injusta, pero la idea, cada vez más extendida en ciertos medios de opinión (y cuya expresión política es la convocatoria de un referéndum ilegal en Cataluña) de violar una ley que se considera injusta, es una pócima letal para un sistema democrático occidental, basado en el estado de derecho. La violación de la ley es incompatible con un sistema democrático sano, donde la ley es el norte supremo de la política. "Un gobierno de leyes, que no de hombres" –pedía Madison en El Federalista– porque, explicaba Rousseau, "cuando la ley está sometida a los hombres, no quedan más que esclavos y amos: la libertad siempre sigue la misma suerte que las leyes, reina y perece con ellas". La vieja democracia –resumía Ortega– "vivía templada por una abundante dosis de liberalismo y de entusiasmo por la ley".