Lunes 14 de agosto de 2017
Sabido es que los tiranos no necesitan excusas para oprimir a la ciudadanía. En esto, Nicolás Maduro se lleva la palma en un régimen que es ya una dictadura pura y dura, en la que ha enterrado a Montesquieu y no existe ni separación ni independencia de poderes. Pero si a los gobernantes autoritarios les sirven en bandeja pretextos para sus tropelías, mejor que mejor. En esta situación se encuentra el líder bolivariano, frotándose las manos ante el magnífico regalo que le ha hecho Donald Trump. Al presidente norteamericano no se le ha ocurrido otra cosa que decir que entre las opciones que hay para Venezuela no descarta la opción militar. Solo le faltaban a Maduro estas palabras para sacar toda su manida retórica contra el imperialismo y envolverse en un patriotismo que utiliza a su antojo y para sus únicos intereses.
La plana mayor del chavismo se ha apresurado a proclamarle su lealtad ante esta “agresión imperial” que considera “la más grave amenaza proferida contra la patria de Simón Bolívar”. Y el hijo del dirigente venezolano, Nicolás Maduro Guerra, se ha descolgado diciendo que responderían con “fusiles en Nueva York” y “tomarían la Casa Blanca”. La respuesta del chavismo, incluidas ridiculeces como esta del hijo de Maduro, era más que previsible. Pero Trump debería haberse dado cuenta de que también se producirían otras reacciones.
Así, Mercosur, que había decidido la suspensión permanente de Venezuela por haber roto el orden democrático, se ha pronunciado inmediatamente repudiando cualquier medida violenta contra Venezuela, y en esta línea han insistido Argentina, México, Colombia, Chile y Perú, algunos muy activos en la condena a Maduro y su orquestación de la Asamblea Constituyente. Incluso la oposición venezolana al chavismo de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) ha emitido un comunicado señalando que “rechaza la amenaza militar de cualquier potencia extranjera y responsabiliza a la dictadura de Maduro por convertir al país en una amenaza regional”.
Está claro que la comunidad internacional no puede dejar a Venezuela en manos de un tirano, pero el camino no es que a Trump se le caliente la boca o los tuits y suelte cualquier ocurrencia que no consigue otra cosa que incendiar la región y, de paso, contrariamente a lo que persigue, afianzar a Maduro y proporcionar munición al chavismo. Bueno sería que Trump antes de hablar -y lo de Venezuela no es el único caso- pensara en estar a la altura de su cargo como presidente de la mayor potencia. ¿Pero será esto pedir peras al olmo?