El 15 de agosto de 2017 India ha conmemorado su septuagésimo aniversario como nación independiente. Merece una reflexión. Tan legendaria y misteriosa al mismo tiempo que protagonista del mundo contemporáneo, se me figura un malabarista –sí, de los de Malabar– a la que un tigre –sí, de los de Bengala, de donde también son las luces– no distrae su atención fijada en ser, afanada equilibrando su pasado, su presente y su futuro, concentrada en un mantra para favorecer la armonía que permita avanzar y lo consigue no sin desafíos.
País líder, una voz a escuchar en el mundo, evocadora de nuestro más profundo imaginario, recóndita, proficua, cambiante y estática, con un crecimiento notable, no nos limita en esta conmemoración
a Gandhi con la “no violencia” poniendo fin al dominio británico erigido en un virreinato repleto de marahajás, encabezado por el monarca britón con el pomposo título de emperador de la India, creado en tiempos de la reina Victoria y que tuvo por efecto con su inherencia y orientalismo que tatuara la mente sus súbditos insulares de mentalidad avasalladora y occidental. Empero, dígase: India nunca nos deja indiferentes.
Y la fecha coincide felizmente con que un apreciado amigo, Jai Hari Singh, está en India efectuando nuevamente un fascinante periplo y me ha concedido el deseo de compartir con ustedes sus reflexiones in situ, que mucho le agradezco:
“Les escribo desde Hyderabad, capital compartida entre los estados de Telengana y Andar Pradesh, disfrutando en una clínica de Ayurveda de un tratamiento general de renovación y de revitalización, llamado Pancha Kharma.
“India increíble”. La India es increíble, como reza la publicidad oficial de turismo de este país. Además de ser un país mágico en el cual te puede pasar todo tipo de cosas que te enseñan a vivir y a regresar a tu ser interno, es un país con cultura y con historia.
Hoy 15 de agosto es el día de la Independencia de la India -y de Pakistán–. Obviamente un gran día ese acuerdo sustraído al Imperio Británico, gracias a la visión de Lord Mountbatten por parte de los británicos y de la perseverancia y valor de un Gandhi y de un Nehru y de muchos que los acompañaron en esa época.
Pero no podemos dejar de hablar de los problemas que siguen vivos en la India. Entre otros, una lástima que no se pudo lograr la independencia de la Gran India cómo la proyectaba Mahatma Gandhi, debido a las peleas políticas y ambiciones de poder de algunos. Se tuvo que partir el país en dos naciones que pronto se volvieron tres: la India por un lado, mosaico de religiones: hindúes, musulmanes, sikhs, budistas, católicos y algunas sectas como los jaines; y Pakistán (Occidental y Oriental) esencialmente compuestos por musulmanes. Cuán incompresible se nos hace esa partición cuando hasta ahora, la India se compone todavía de una gran población musulmana que vive bastante en paz, a pesar de algunos pleitos a veces muy violentos entre nacionalistas extremistas hindúes y musulmanes fanáticos. Pakistán Oriental se volverá en los años sesenta lo que conocemos ahora como Bangla Desh (finalmente libre en 1971) que obtuvo su independencia de Pakistán gracias al apoyo decisivo del gobierno de la India.
Por más increíble que parezca sigue habiendo una hostilidad muy fuerte entre esas dos potencias nucleares que son Pakistán y la India. Enemigos jurados que tienen tanto en común. Quienes se entienden un rato para entrar en guerras de guerrillas en Cachemira, donde se disputan todavía esa tierra ya partida en dos. No paran las escaramuzas en la línea fronteriza. Para apaciguarse unos meses y renacer periódicamente. Muchas veces nos preguntamos si no se está manteniendo una especie de “comedia” orgullosamente escenificada en la frontera entre la India y Pakistán, a 15 kms de Amritsar en donde a diario se juega, como en una especie de juego de cricket, un “partido” donde los dos ejércitos se lanzan vituperios, empujan las bardas de separación con violencia -todo actuado- y reciben los clamores de sus “equipos” respectivos, mientras sigue habiendo muertos, atentados terroristas y discursos virulentos entre los unos y los otros en otros puntos. A ese show asisten diariamente varios millares de personas de cada lado emulando a sus países respectivos. No estaré en la frontera para ese día de la independencia de los dos países, pero no dudo que se va a poner interesante. Vean ese vídeo para que den cuenta del ambiente y así es a diario: https://www.youtube.com/watch?v=X-yKea85dl0.
Ahora, para entrar en la noticia del día, el vicepresidente saliente Hamid Ansari, musulmán en el cargo desde hace 10 años, acaba de hacer unas declaraciones el día de su salida (10 de agosto) sobre la situación de las relaciones entre la comunidad musulmana y la hindú que no están para dejarnos tranquilos. Se quejó amargamente del sentimiento de inseguridad que embarga a la comunidad musulmana, lo cual fue rápidamente desmentido de manera diplomática por el primer ministro, Narendra Modi. Un país con 1500 millones de habitantes que ni siquiera tiene el doble en superficie de México, con ese mosaico de idiomas, de religiones, de dioses es un país difícil de manejar. La cuestión de los sikhs –que no se sienten hindúes propiamente dicho y marcan claramente su diferencia y piden se respeten sus tradiciones– no está tampoco resuelta y quedan las heridas de junio 1984 cuando el Gobierno de la India invadió el Templo Dorado y mató a cuantas personas encontró en el templo –mujeres, niños, etc.– lo cual generó la matanza de Indira Gandhi, por cierto manipulada por extremistas sikhs y servicios de la KGB, que fue un asesinato que tuvo por resultado los “progroms” de miles de sikhs en Nueva Delhi como venganza por ese magnicidio.
Sin embargo, en general sentimos, puesto a parte los extremismos, que la población de la India es muy abierta y muy tolerante. Y que sigue reinando una especie de aceptación del destino. La India sigue siendo “India increíble”.”
Como colofón a estas interesantes palabras, recordemos que India representa el 7% de la economía mundial. Granma desde Cuba, señalaba a inicios de año que cuenta con 200 universidades y 1500 centros de investigación, y que será en 2020 el país más joven del mundo por la edad de su población. Nación emergente apuesta a los servicios y las telecomunicaciones. Es responsable del 3% de la emisiones de CO2 y es el octavo exportador y décimo importador mundial de servicios comerciales. Su dependencia energética es un punto en contra. Su competitividad es uno a favor. Entre sus principales socios está la Unión Europea. Con China, pone distancia por una frontera donde apenas se rozan y se vigilan. México fue el primer país latinoamericano en establecer relaciones diplomáticas con ella (1950) y coincidimos en el Grupo de los 77 y como impulsores del diálogo Norte-Sur. Estoy cierto que nos envuelve su cultura, que nos entusiasman sus imágenes. India nos envuelve y por eso gustosos marcamos este aniversario redondo.