Opinión

Guerra yihadista

TRIBUNA

Natalia K. Denisova | Sábado 19 de agosto de 2017

Nadie está a salvo. Los atentados terroristas en España otra vez han recordado esta sencilla verdad, pero pocos son los que quieren reconocerla. Las autoridades autonómicas se embrollan y no son capaces de explicar lo sucedido en español ni en catalán; los medios de comunicación dosifican la información a cuentagotas lo que crea incomprensión, sobre todo, cuando comprobamos que en otras lenguas informan con mayor rapidez; mientras tanto las hordas de tertulianos apelan a la bondad del islam y de todos sus adeptos, insistiendo en restablecer la normalidad inmediatamente, en llenar las Ramblas de nuevo. Nadie se olvidó de lamentar, aunque fuera del lugar, con el tono plañidero del Papa Francisco las infinitas pateras de migrantes que no son acogidos en Europa como debieran. ¡Qué lamentable espectáculo, señores periodistas!

Siempre queda alguna esperanza. Aparecen voces que reconocen el estado de guerra que vive Europa. Aunque parezca alarmista, no podemos llamar de otra manera a la situación actual que vive Europa. Es la guerra. ¡Qué no es guerra convencional! De acuerdo, pero de alguna manera tenemos que llamar a que el terrorismo de la yihad quiera aniquilar sociedad europea por no compartir su religión. ¿Qué hacer? ¿Alguien de los gobernantes ha planteado esta sencilla cuestión? ¿Qué solución puede haber cuando se plantea la aniquilación del “infiel” dentro de las sociedades laicas? Hasta ahora los mandatarios europeos no se ha pronunciado sobre el asunto. Se han derramado un sinnúmero de mensajes melifluos sobre la valentía y fuerza que debemos de tener todos, pero ningún líder mundial dijo nada sensato. ¿Qué medidas van a tomar? ¿Cómo hacer comprender a los radicales que la guerra santa no es aceptable? Todo indica que nada o poco se va a hacer. Los políticos de la moribunda Europa seguirán dándonos sermones sobre la comprensión y la caridad que debemos tener con las “otras culturas”, mientras no se atreven a dirigirse a los musulmanes ni a sus líderes religiosos pidiendo ayuda para la “des-radicalización”.

Los políticos europeos seguirán guiados por la falsa noción que imagina la paz como un derecho y no como una labor cotidiana de todos los ciudadanos, de cualquier “cultura” o religión. Las masas de población europea que, desde hace años, no ven la realidad sino a través de los cristales de color rosa, donde todo está garantizado. El sueño pacifista de nuevo se ha apoderado de Europa. El primer síntoma de las futuras tragedias. Ahora los líderes políticos sólo se mueven por sus intereses, los ciudadanos disimulan convivencia con falsos respetos, pero, tarde o temprano, la realidad de una Europa rota llegará a manifestar su crudeza. No pueden caber aquí las “culturas” que quieren aniquilar al prójimo, sencillamente, porque no son culturas. Es pura barbarie.