Opinión

Puigdemont, más preocupado por el referéndum que por el terrorismo

Joaquín Vila | Domingo 20 de agosto de 2017

Cuando, pocos minutos después de producirse el brutal atentado de Las Ramblas, Rajoy anunció que se desplazaba a Barcelona escoltado por Sáenz de Santamaría y Zoido, a Puigdemont se le pusieron los pelos de punta; si ello es posible. Como es natural, el presidente de la Generalidad estaba consternado por la barbarie asesina que había sufrido la capital catalana, pero por momentos pareció que le preocupaba más el protagonismo político del presidente del Gobierno. Le indignó que se visualizara que el jefe del Ejecutivo gobierna, incluso, en Cataluña.

Cuando el mundo entero, en especial España, sufría con la sangrienta tragedia, detrás de las bambalinas se jugaba una partida política siniestra. Mientras en la Delegación del Gobierno, Rajoy presidía un gabinete de crisis, en la sede de la Generalidad, Puigdemont organizaba el suyo. Tardaron 20 horas en reunirse (nadie sabe para qué) y la coordinación entre los mossos, la Policía Nacional y la Guardia Civil resultó menos eficaz por los celos de los independentistas, empeñados en protagonizar la investigación. Es de tontos, de enfermos o de desquiciados despreciar la contribución de la Benemérita, que cuenta con los mejores expertos antiterroristas. Como es natural, los policías de uno y otro cuerpo se coordinaron soterradamente y el resultado fue notable; aunque no tanto como podría haber sido sin los vetos de los dirigentes catalanes. Y también es verdad, que la actuación de los mossos resultó eficaz y acertada. Pero, hasta rodeados de dolor y sangre, los independentistas solo parecían estar preocupados por desterrar con todas sus fuerzas cualquier vestigio del Estado, cualquier atisbo de la presencia en Cataluña del Gobierno de España.

En la emocionante concentración de la plaza de Cataluña, Puigdemont vivió su peor momento. El Rey presidía el acto; a su derecha, Rajoy, y él, a la izquierda. El protocolo le relegó detrás del presidente del Gobierno. ¡En Cataluña! Y eso no lo podía consentir. Por eso, minutos antes se ocupó de declarar a los cuatro vientos que "el proceso no se vería alterado por los atentados". Pareció como si se hubiera olvidado de los 14 muertos y los cientos de heridos.

Y también por ese temor a que el mundo entero comprobara que Cataluña es (y será) España, los delincuentes de la CUP se manifestaban por la tarde gritando que los atentados obedecían a los intereses de los capitalistas y los fascistas. Otra prueba de la enorme desvergüenza y la escasa inteligencia de los independentistas más radicales. Solo les faltó acusar a Rajoy de los actos terroristas. O quizás, no. Pero se mostraban también escocidos y alarmados por las posibles consecuencias negativas de los atentados para su estúpido "procés".

Y por la misma rabia independentista, el sábado, pocos minutos después de anunciar el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, que se había desarticulado la célula yihadista, el consejero de la Generalidad, Joaquim Form, convocó una rueda de prensa para desmentirle. No podía consentir Puigdemont que el Gobierno se atribuyera el éxito de la investigación. No podía consentir que la opinión pública creyera que la Guardia Civil y la Policía Nacional habían participado en la operación antiterrorista. No podía consentir que alguien sospechara que se había producido algún tipo de coordinación entre las Administraciones. No en Cataluña.

Ni la tragedia de los atentados ha podido aliviar la fiebre independentista de Puigdemont y la CUP. Si todavía alguien lo dudaba, ya sabe que el 1 de octubre estallará en Cataluña la madre de todas las batallas. Que Rajoy se prepare. Porque estos locos están dispuestos a todo.