Más de dos personas perdieron la vida cada día, de media, a lo largo de agosto. Con 70 muertes, se ha convertido en el segundo mes más trágico, igualando a junio y sólo superado por julio con 95 fallecidos. Además de los fallecidos por ahogamiento, también se han registrado 48 muertes por accidentes que han tenido lugar en espacios acuáticos y más de 400 rescates en situaciones de peligro. Más de la mitad de estas defunciones, el 62,7 por ciento, han ocurrido en los tres meses de verano, periodo en el que han tenido lugar el 80% de los rescates realizados, lo que supone más de 300 personas. Aunque es cierto que este tipo de sucesos se intensifican en la época estival, no son un problema exclusivo de estas fechas. En enero de este año, 34 personas perdieron la vida en el agua.
Según Jessica Pino, principal responsable del informe de RFESS, son dos las razones por las que hay más muertes en el agua: las “imprudencias” y el “desconocimiento”. Pino justifica este llamativo incremento en la irresponsabilidad de los bañistas al “no hacer caso de los socorristas, obviar la bandera roja o tirarse desde las alturas sin conocer la profundidad”. Del mismo modo que “no se conoce el fondo de una piscina, se ignoran las corrientes o, en el caso de lo más mayores, se confía en las capacidades físicas”. En conclusión: “Somos atrevidos y nos creemos capaces”, pero obviamos los riesgos que ello conlleva, explica.
Desde RFESS reconocen que las muertes por ahogamiento son “un problema de todos”. Por ello, piden desde la organización que las administraciones públicas tomen parte en el asunto. Primero con registros oficiales, pues ayudarían a “atajar el problema” al poder conocerse las causas, y segundo con campañas. Pino reprueba que no se lo tomen “más en serio” y compara su situación con la de la Dirección General de Tráfico (DGT), que gracias a “buenas” campañas públicas han reducido notablemente la cifra de fallecidos. Actualmente, el número de muertes en el agua es casi la mitad de las que suceden en carretera. Mientras que “están descendiendo los muertos en accidentes de tráfico, suben los de gente que se ahoga, y eso que pasamos mucho más tiempo conduciendo que en el agua”, ha señalado a EL IMPARCIAL.
Los socorristas son también un factor fundamental para impedir que estas cifras alarmantes sigan creciendo. Teniendo en cuenta que el número de efectivos es muy inferior al que debería existir en el país y que, por tanto, “se puede hacer mucho más”, Pino critica a su vez los cursos online disponibles para conseguir un certificado. Como comenta, hay formaciones que por solo 20€ te acreditan para salvar vidas. Reprocha que cualquier empresa pueda expedir un título sin aprobar primero unas pruebas físicas y sin saber siquiera si la persona sabe nadar. Ante la escasa cualificación, propone un “plan estatal” para su homologación y un examen oficial para que siempre se cumplan los mismos requisitos, así como un reciclaje periódico cada dos años. Mientras que unos tienen una “formación exigente, otros se sacan el curso más barato y que garantiza el aprobado para trabajar en verano durante tres meses y ahorrar algo de dinero”.
“Somos un país de costa, de sol y turismo y no lo estamos cuidando”, sentencia. Entendiendo que aumentar el número de socorristas supone un elevado coste económico, la experta propone otro tipo de medidas para garantizar la seguridad acuática. Así, aconseja que en las zonas en las que no se pueda reforzar la supervisión se deberían colocar carteles que alerten del peligro. Que avisen, por ejemplo, del horario que ésta no cuenta con vigilancia, especifique las zonas prohibidas de baño o dónde hay corrientes e, incluso, desfibriladores. Además, podrían vallarse ciertos espacios, como puertos y piscinas privadas, para evitar baños y, en consecuencia, ahogamientos.