Opinión

Congreso del PSOE: obviando la realidad

Sábado 05 de julio de 2008
El 37 Congreso del Partido Socialista que se inició ayer y que durará todo el fin de semana, pasará a la historia por ser, seguramente, el más tranquilo que los socialistas hayan vivido nunca. Todo el partido está hecho una piña alrededor del gran líder indiscutible, José Luís Rodríguez Zapatero. Nada que ver con el congreso de 2000, cuando Zapatero se jugó la presidencia del partido junto con la hoy líder de UPyD, Rosa Díez, y José Bono, actualmente presidente del Congreso. La única voz que ayer desentonó levemente entre el coro de halagos al presidente del Gobierno fue la de Juan Carlos Rodríguez Ibarra, que criticó que los “bebés” hayan dejado de lado en la ejecutiva del partido a las “viejas glorias” como él o el mismo Bono. A parte de esa crítica, que fue amablemente acallada por Jesús Caldera, con un lacónico “así es la vida”, nada se salió del guión.

Tan tranquilo está el interior del PSOE, que José Blanco, coordinador del partido dedicó la apertura del congreso casi por completo al PP, a quien posicionó en la antítesis de la modernidad y el espíritu democrático que, a su juicio, representan los socialistas. Resulta curioso que uno de los adalides del talante de Zapatero, rechazara, acto seguido, las ofertas de diálogo de Mariano Rajoy para consensuar los temas importantes con el PSOE, a pesar de que en la ponencia sobre terrorismo que se debatirá este fin de semana se aboga por la unidad democrática para luchar contra el mismo. Zapatero, dos días después de su decepcionante comparecencia en el Congreso, también prefirió centrar su discurso en criticar al PP, a quien acusó de querer adueñarse del castellano, como ya lo hiciera en su día con la bandera. El aborto, la eutanasia y el laicismo, o, en otras palabras, el supuesto giro a la izquierda que pretende dar el PSOE serán los temas -junto, visto lo visto, las críticas al PP- que ocupen la reunión socialista que, al parecer, no va a pasar de ser un baño de masas para un líder, Zapatero, que insiste en esconder la cabeza frente a una preocupante crisis económica que aún no ha querido ni nombrar. Zapatero no puede jugar a obviar la realidad, escuchando sólo a quien le da la razón y huyendo de quien le muestra la realidad. Es totalmente absurdo que, cuando el problema más acuciante del país es una de las crisis más importantes de los últimos años, el partido gobernante evite el tema en su agenda del congreso. Zapatero parece seguir la consigna según la cual las cosas que no tienen nombre, no existen. Lamentablemente para él y para todos, por más que nuestro presidente se niegue a verlo y, por más que sus acólitos se empeñen en callar, como en el cuento, que el rey está desnudo, la crisis hace tiempo que está aquí y ni las críticas al PP ni el triunfo de la selección pueden escamotearla. Por otra parte, es comprensible -y esperable- que el PSOE haga una crítica seria del programa del PP. Pero resulta preocupante que rechace ofertas de consenso en temas de Estado, en combinación con gestos a la galería extremista de política radical, porque puede darnos la impresión, a todos los que estamos interesados en la estabilidad y funcionalidad de nuestro sistema político, que Zapatero quiere repetir la nefasta política del “cordón sanitario”; es decir, a la idea descabellada de expulsar al PP (léase, al 40 por ciento del electorado) de nuestro sistema político. Si estuviéramos ante una reedición de tal despropósito, que luego no se rasguen las vestiduras cuando llegue la “crispación”, o algo peor. Las quimeras hegemónicas -como decían los liberales de izquierda en el siglo XIX, tras aprender de amargas experiencias- “no pueden acabar más que en desastres”.

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