En la Generalitat siguen empeñados en que existe una campaña de desprestigio contra los Mossos. No salen de ahí. Esa es su única argumentación. Su portavoz, con evidente malestar, retaba al que pensara que el atentado de Barcelona se podía haber evitado a que lo denunciara. Exactamente, para no mentir, Jordi Turull dijo: “Si alguien lo que quiere insinuar es que este atentado se podía haber evitado, que tenga el coraje de decirlo”.
Si ya resultó un tanto chulesca la actitud del consejero de la Presidencia, menos salida le queda cuando atribuye esta –para él– campaña contra los Mossos a “intereses mediáticos y políticos, que no dan la cara”, ya que el mismo coraje se le puede pedir para que denuncie qué partido está detrás de los supuestos vilipendios.
Pero, como se dice ahora tirando de catalanismo, a más a más, que se pregunte Turull, hablando de politizar, quién politizó la manifestación del pasado 26 de agosto en Barcelona para honrar a las víctimas de los atentados, quién llenó de esteladas y de pancartas proindependencia y contra el Rey un acto que se quería fuera de unidad contra el terrorismo.
Que le quede bien claro al portavoz de la Generalitat y, por ende, al resto de adjuntos, que nadie critica la actuación de los Mossos. Se lamenta la poca altura política de sus dirigentes y la clara malintención de verlo todo bajo el prisma independentista.
Todos sabemos que está mal visto que un político mienta. Además de feo, se puede calificar de estúpido hacerlo cuando se sabe que es fácilmente comprobable la veracidad o no de la afirmación en cuestión. Peor aún resulta de cara a la opinión pública enrocarse en las explicaciones y retorcimientos posteriores para justificar algo que ya se ha demostrado que es mentira.
Pero ya se sabe, culpable, como siempre, el mensajero. ¡Ah!, y el partido político que peor te caiga.