Editorial

La tragedia de la inmigración no cesa

Miércoles 06 de septiembre de 2017

Acaban de cumplirse dos años de la muerte del niño kurdo Aylan Kurdi, cuyo cadáver apareció en una playa turca. La desoladora imagen del pequeño causó un enorme impacto, acaparó la primera línea de periódicos y medios de comunicación de todo el mundo, y se convirtió en viral en las redes sociales. Aylan Kurdi golpeó las conciencias y fue el símbolo de la tragedia de refugiados e inmigrantes, millones de personas que se ven obligadas a huir de su país espoleadas por la miseria o los terribles conflictos bélicos que los asolan.

Pero a los dos años de la muerte de Aylan, parece haberse olvidado lo que en su momento ocasionó tanta conmoción. La Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) ha recordado que desde la muerte de Aylan han perdido la vida en el Mediterráneo cerca de siete mil personas, que se suman a las anteriores, formando una cifra aterradora que ha convertido el Mare Nostrum en un inmenso cementerio. Igualmente la CEAR ha denunciado que la Unión Europea (UE) no ha cumplido sus compromisos de acogida de refugiados y que estos se hacinan en improvisados campamentos.

La cuestión de la inmigración y los refugiados es una tragedia y un reto. Europa no puede obviarla ni dar la espalda a seres humanos, que no son un mero número. Su solución, no obstante, no es sencilla, por la que hay que redoblar los esfuerzos para encontrarla. Por doloroso que sea es un hecho que Europa no puede acoger a todos cuantos llaman a su puerta. De ahí que, aparte de esa política de acogida, haya que establecer de una vez por todas otras medidas que vayan en la dirección de ayudar a los países de origen de los inmigrantes -con un estricto control de que la ayuda se emplee para lo que fue destinada-, y no se produzcan éxodos masivos.