El equipo de gobierno del Barcelona liderado por Josep María Bartomeu no acaba de dar con la tecla en este periodo en el que nadie, o casi nadie, alza la voz para halagar su gestión. Tras dejar escapar a Neymar y no poder reconducir la situación en el mercado a pesar de disponer de 222 millones de euros, el presidente había afirmado que la renovación de Iniesta estaría encarrilada, pero este asunto de especial simbolismo y emotividad para el culé tampoco está resuelto.
Así lo ha dejado claro el protagonista manchego. A su llegada al aeropuerto de El Prat, después de jugar anoche un partido con la selección española ante Liechtenstein y de las declaraciones de Bartomeu en las que anunciaba un principio de acuerdo para renovar su contrato, fue preguntado por esto último. Negó con rotundidad la información ofrecida por su presidente en la gira por los diarios blaugranas de cabecera. No hay nada de nada.
El máximo mandatario se había apresurado a proclamar el acierto que significaría amarrar a Iniesta por la presión mediática proveniente de Italia. Según las informaciones de los rotativos transalpinos, la Juventus habría elegido al albaceteño como el sustituto de Andrea Pirlo, en una maniobra parecida a la que efectuaron para arrancar al veterano genio azzurro del Milan.
Lo cierto es que el contrato del autor del gol que dio a España el Mundial de 2010 concluye el próximo 30 de junio. Y también es veraz el desenso en el rendimiento del jugador por mor de la asiduidad de las molestias físicas. Pero esto último no tiene valor en la consideración de un presidente sabedor de la importancia, para legitimarse, del asunto del contrato de Iniesta. "Andrés debe retirarse en el Barcelona", declaró esta semana.
"La idea es que tenga un contrato indefinido donde renueve automáticamente año a año hasta que él crea que pueda retirarse o cambiar. Al final, Andrés es un jugador como Leo, de un solo club y referente por su compromiso y fidelidad", anunció Bartomeu, pero su directiva también tildó de utopía la marcha de un Neymar que también le ha criticado, con sorna, después de acusar al brasileño y a su padre de desleales. En resumen, las aguas no dejan de bajar turbias en Can Barça.