Opinión

O Rajoy gana o perdemos todos

TRIBUNA

Agapito Maestre | Lunes 11 de septiembre de 2017

Rajoy no ha anunciado ninguna medida política que se salga del discurso de los “argumentos jurídicos”, pero ha hecho una alusión política que va más allá de la retórica, a saber, “no renunciará a nada” para mantener la unidad de España. Algo es algo. O mejor, esto es mucho. Deja abierta todas las puertas para detener a los golpistas. Si las cosas siguen por el camino de hoy, celebración de la Diada, el Gobierno tendrá que aplicar el artículo155; imagino que esperará hasta el día 2 de octubre, sencillamente, porque cabe pensar que los golpistas harán la declaración de independencia ese día. Según están las cosas, eso debería ser más que suficiente para que apoyemos a Rajoy. La cuestión secesionista es sin duda alguna endiablada. Vaya, pues, por delante que soy de los que piensa que no tiene solución sino solo “conllevancia” (Ortega y Gasset). Aguantar es todo. Y eso es lo que hará Rajoy por el bien de todos los españoles.

Por todo eso, me parece que ya no es sensato persistir en la crítica al gobierno de España por abordar el problema con parsimonia y no recurriendo a lo que define la política, o mejor, al Estado de derecho que es, como todas las asociaciones políticas que históricamente lo han precedido en el tiempo y el espacio, una relación de dominación de hombres sobre hombres, que se sostiene por medio de la violencia legítima. Ojo, amigos, el Gobierno tendrá que aplicar ese instrumento capital del Estado de derecho, pero Rajoy ha preferido seguir una vez más la vía del Tribunal Constitucional y la Fiscalía General del Estado. En fin, antes que suspender por vía de decreto la Autonomía de Cataluña y encarcelar a los responsables del golpe de Estado, Rajoy ha optado por recurrir a las vías jurídicas, desoyendo la recomendación de Francisco Pérez de los Cobos en su discurso de despedida como presidente del Tribunal Constitucional: “Hay problemas políticos que pueden resolverse satisfactoriamente por métodos jurisdiccionales, pero hay otros que sólo pueden y deben resolverse por la vía política. Los problemas derivados de la voluntad de una parte del Estado de alterar su estatus jurídico no pueden ser resueltos por este Tribunal. Por ello, los poderes públicos son quienes están llamados a resolver mediante el diálogo y la cooperación los problemas que se desenvuelven en este ámbito”.

Sin embargo, presiento que esta vez Rajoy tendrá que recurrir al “uso legítimo de la fuerza”. La combinación de razones jurídicas y de fuerza conducirá a los protagonistas del golpe de Estado a prisión y otros se esconderán con argucias legales para eludir la cárcel, aunque sospecho que pocos lograrán verse libres de inhabilitación para ejercer cargos públicos. De momento, personas claves del proceso secesionista se han dado de baja: a los consejeros que abandonaron a Puigdemont por miedo a la cárcel y a las sanciones económicas, tenemos que sumar altos cargos de la administración autonómica y local que se han negado a respaldar las tropelías cometidas en el Parlament para sacar adelante la ley del referéndum y otras de “desconexión” con España. Tampoco la alcaldesa de Barcelona está dispuesta a colaborar de modo contundente con los separatistas una vez que ha entrado en liza el Tribunal Constitucional. De modo parecido se han manifestados otros alcaldes de grandes ciudades de Cataluña. Aparecen, en fin, constantemente noticias nuevas contra el proceso independentista, por ejemplo, el responsable de la Liga Profesional ha declarado hace unos días que el Barcelona no podría jugar en la liga española en una Cataluña independiente. De aquí al 1-O las bajas serán cada vez más numerosas e importantes. Y, sobre todo, Rajoy tiene dos grandes aliados: la situación económica y social de España, que es razonablemente buena por un lado; y, por otro, la UE no está dispuesta a tolerar ningún juego secesionista de uno de sus miembros, pues que de la fortaleza de los Estados-nación depende el futuro de la propia Unión.

Por tanto, llegados a este punto, o apoyamos a Rajoy o hacemos literatura política. Nada tengo en contra de la segunda opción, pero ahora se trata en primer lugar de parar el golpe de Estado de los separatistas catalanes y la destrucción del sistema democrático. Apoyemos a Rajoy sin condiciones. Luego, ya hablaremos.