Opinión

Iglesias y Colau, dos cínicos en Cataluña

POR LIBRE

Joaquín Vila | Domingo 17 de septiembre de 2017
En el bochinche que padecemos en Cataluña desde hace años, que parecen siglos, Rajoy y Puigdemont protagonizan el duelo a muerte. El uno, en defensa del Estado de Derecho: el otro, empeñado en dar un golpe chavista a la democracia. Rivera se ha erigido como un ejemplar hombre de Estado. No ha pestañeado a la hora de apoyar sin fisuras a su gran rival electoral en defensa de la unidad de España. Pedro Sánchez también se merece un aplauso por aliarse con su gran enemigo político en este trance, aunque no puede resistir dar una colleja al presidente del Gobierno con el cansino mantra del diálogo y hacer política.Tampoco se le puede pedir más.

En cambio, los ultracomunistas, los morados, los populistas, los antisistema o como se les quiera llamar se han retratado. Pablo Iglesias y Ada Colau han superado con creces las cotas de cinismo que se les supone a los políticos. El líder de Podemos se presentó el día de la Diada a dar un mitin en el que intentó decir que él se sentía un patriota español (sic) y a continuación, puño en alto, gritó (en un churrigueresco catalán) "Viva Cataluña libre y soberana", Y empezó a aplaudirse histéricamente como si acabara de decir algo inteligente, pese a la incongruencia del discurso. ¡Cómo se aplaudía el patriota! Hace un par de días a Echenique se le escapó que el referéndum es, en realidad, una "movilización contra el PP". Le faltó decir, como explicó Rajoy, que a Podemos cuanto peor vaya España, mejor para ellos.

Ada Colau tampoco se ha cortado. Sus intereses son otros, aunque coincidan en lo básico de "cuanto peor,mejor". La alcaldesa de Barcelona aspira a presidir la Generalidad. Y, aparte de librarse en cuanto pueda del lastre del pesado de Pablo Iglesias para ganar las próximas elecciones autonómicas, se mueve en una ambigüedad calculada para acaparar votos tanto de los independentistas más radicales, compitiendo con la CUP, como de la izquierda más moderada que no es otra que el PSOE. De ahí, el interés en no ceder locales municipales para el referéndum y evitar así ser inhabilitada Pero no podía arriesgarse a ser señalada como la culpable de que en la capital de Cataluña no se pudiera votar. Y tenía que participar en las movilizaciones contra el "Estado represor y el Gobierno fascista".

Este sábado, la alcaldesa de Barcelona ha rizado el rizo al protagonizar el mitin con los más de setecientos alcaldes independentistas, dispuestos todos a inmolarse en pro del referéndum, a ser inhabilitados y, como poco, multados. Colau les ha agitado para que no se dejen amedrentar por el "Estado que les persigue", les ha animado a poner las urnas, aun a riesgo de enfrentarse a la Fiscalía. Pero ella ha llegado a un acuerdo con Puigdemont para lavar y guardar la ropa.Ha cedido la gestión de Educación a la Generalidad para eludir responsabilidades penales y salvar el pellejo. Así, Colau, con este cobarde pacto no se arriesgará a ceder locales municipales para el referéndum, pero "facilitará que se vote en Barcelona". Luego, tiene la desfachatez de exigir a esos setecientos alcaldes que den la cara para que se la partan.

A Pablo Iglesias y Ada Colau, en realidad, el referéndum les importa un bledo. Pero quieren estar al frente de la rebelión contra el que llaman régimen del 78. Quieren desestabilizar España para pescar en río revuelto. Quieren aniquilar al PP. Pero, sobre todo, quieren destruir la democracia y el Estado de Derecho. Les da igual llegar a acuerdos con los proetarras de Bildu que con los independentistas catalanes o los anarquistas de Chinchón. Siempre buscan la compañía de los que pueden ayudarles en su afán destructivo. No podían dejar pasar el desafío secesionista catalán, la mayor afrenta a la Constitución en sus 40 años de vida. Y ahí están. Preparados para encabezar la revolución.

Son ambiguos para poder pescar votos en las dos orillas: en la independentista, porque se ha convertido en la mayor amenaza para la estabilidad política, porque se ha enfrentado al "Gobierno represor", porque representa la rebelión. Y en la orilla española, porque son los "patriotas" que defienden al pueblo del capitalismo salvaje, la nueva izquierda, los valientes revolucionarios del siglo XXI. Son ambiguos, sí. Pero, sobre todo, son los más cínicos que se han colado en el bochinche secesionista. Ada Colau puede sacar tajada en esta Cataluña incendiada. Pablo Iglesias, en cambio, empieza a resultar cansino hasta para sus fieles. Quiere ser el perejil en todas las salsas revolucionarias, acaparar siempre los focos. Pero suena a disco rayado y le están saliendo canas en la coleta.