Opinión

El contable

TRIBUNA

Raúl Mayoral | Domingo 17 de septiembre de 2017

Un contable puso fin a las tropelías de Al Capone. Mariano Rajoy puede poner fin al secesionismo catalán mediante la contabilidad. En política mandan la geografía y la economía. Hoy emerge la geoeconomía, una combinación de geopolítica y geoestrategia en un mundo globalizado donde la actuación local se ve ensombrecida por una abrumadora red de vastos y difusos intereses. No es de ahora, sino de hace tiempo que lo político está subordinado a factores previos económicos y sobre éstos se concentra buena parte de la atención inmediata de los Estados. Sin dinero suficiente Colón no hubiera descubierto un nuevo Continente. Aquella gesta fue un mérito del navegante, pero la decisiva contribución de quienes invirtieron recursos en la misma también debe tener su reconocimiento. Winston Churchill solía decir de Colón que fue el primer socialista de la historia: Partió sin saber a dónde iba. Llegó a un país que no sabía cuál era. Y todo a expensas de otros. ¿No es éste el más importante principio de la política socialista? se preguntaba el líder británico.

El Estado moderno aparece en la escena económica con unas armas casi invencibles convirtiéndose en el verdadero protagonista de la economía. Con los principios y reglas que presiden Bruselas el contexto de mayores competencias y posiciones cada vez más extensas en el campo económico y financiero en favor de los Estados resulta aún más evidente. A eso se ha agarrado Rajoy para asfixiar el independentismo catalán encastillado en su posición sediciosa y guerrillera. No ha necesitado aplicar los códigos ni las leyes, sino la contabilidad: el debe y el haber. Fijando de antemano a Cataluña los limitados recursos para sus posibles gastos, se ha aplicado el espíritu, no la letra, del artículo 155. Si será lince Junqueras que lo ha visto venir como una merma de sus despropósitos: Nos han aplicado el artículo 155 por la puerta de atrás. Y que ha sido a traición y por la espalda, dice el amante de la legalidad. El Gobierno debería aprovechar esta suspensión de la autonomía financiera de Cataluña para proceder a una ordenación que redunde en beneficio y garantía de los catalanes. Los desbarajustes del secesionismo han conducido a la economía catalana, primero, al agarrotamiento, y, finalmente, al caos. El resultado es desorden monetario y desintegración productiva. Es descorazonador que una región española tan próspera haya sufrido el envenenamiento de la convivencia, el ahogo de la competencia y la pérdida del estímulo para una clase media empresarial siempre pujante y vigorosa en la creación de riqueza y en la propulsión económica.

Los nacionalistas excluyentes quieren pensar en términos de nación y Estado, pero su actitud es de aldea o tribu, decía el genial Indro Montanelli. El nacionalismo además de ser un problema político, lo es también moral, porque antepone la colectividad, la tribu a la persona y a la libertad. Para los independentistas catalanes prima lo catalán sobre la persona. Para los de la CUP, el comunismo sobre lo demás. También esto hay que contabilizarlo.