Opinión

Si us plau...

TIRO CON ARCO

Dani Villagrasa Beltrán | Domingo 17 de septiembre de 2017
¿Alguien recuerda el comienzo del procès, cuando se escuchaban argumentos económicos para oponerse a una hipotética independencia de Cataluña? Fue el ambiente de opinión que se respiraba antes del 9 de noviembre 2014, cuando también se votó un sí-pero-no incomprensible. Entonces todavía se confiaba en que la economía podía explicar algo. Por ejemplo, los argumentos de los partidarios de la ruptura que, en la mirada de muchos de sus detractores, tan sólo buscaban más dinero. El Gobierno de Artur Mas entró con un furor retallador que ni en los mejores sueños de Angela Merkel. Cuando esas políticas indignaron a los catalanes, decían los analistas de la vía económica, el nacionalismo tiró de argumentario clásico: la culpa la tiene Madrid. Si los impuestos de Cataluña no viajaran a la capital, no serían necesarios tantos recortes, versión refinada del Espanya ens roba. En frente de estos razonamientos los argumentos también apelaban al bolsillo. Cataluña se vería obligada a salir de la Unión Europea y, por tanto, de la zona euro, de modo que sufriría una importante devaluación, entraría en quiebra y perdería su importancia en su principal mercado tradicional, el resto de España. No hay que olvidar que Cataluña sigue siendo la comunidad autónoma más rica, con un PIB ligeramente superior a Madrid. Aporta una quinta parte de la riqueza nacional y, en tiempos de economía zozobrante ambas partes tenían mucho que perder con la ruptura.

Pero hace tiempo que las cámaras y los micrófonos del descontento se han desplazado del parqué de la Bolsa a los tribunales, donde parece que el espectador está mucho más entretenido. Por eso no es de extrañar que el debate sobre Cataluña no sea de carácter económico sino legalista. Lo que se está discutiendo es el derecho o la falta de derecho a decidir de la comunidad autónoma. Los jueces ya han hablado y, con la desobediencia, se pone en entredicho la base del sistema mismo.

Muchos de los que ya entonces no compraban los argumentos económicos, en uno y otro bando, se ríen de la miopía de aquellas pasadas jornadas. Ya lo veis, dicen, no era un órdago para conseguir más dinero y ventajas frente a otros territorios, era algo más profundo, más serio, que pone en riesgo los cinco siglos de unión.

La nueva política ya no escucha lo que antes se presentaba como objetivo y racional, y mucho menos los argumentos económicos, sino el relato, a menudo victimista, emocional, empoderador. Busca afilar contradicciones y entra en terrenos desconocidos. Está muy reciente el éxito del Brexit y de Trump. Nadie se pregunta: ¿Por qué?, ¿para qué?, ¿cómo? Mientras escribo esto llego en tren a Madrid y escucho la megafonía en catalán: si us plau, romanguin en els seus seients…