Usando plumas, hilo y cera, Dédalo consiguió dar forma a unas alas, muy similares a los de los pájaros. Tras comprobar que su artilugio funcionaba, enseñó a su hijo a volar. Pero le advirtió de que no lo hiciera muy alto, porque la cera que sostenía las plumas se derretiría, ni muy bajo, pues si el mar mojaba las alas, éstas dejarían de funcionar.
El día previsto, ambos alzaron su vuelo por encima de las murallas de Creta, comprobando con gran alegría que eran libres. Pero la emoción llevó al joven Ícaro a cometer la imprudencia de volar demasiado alto. Tan alto voló que el sol terminó por fundir la cera que sujetaba las plumas de sus alas. Cuando éste se dio cuenta ya era demasiado tarde: Ícaro cayó al mar y murió. Su padre, desolado, consiguió sin embargo llegar a su destino, pues nunca abandonó la ruta segura.
El mito de Ícaro y Dédalo ha sido enseñado durante milenios a los jóvenes como metáfora de lo que les puede suceder cuando se salen del camino de la rectitud o sólo se guían por sus impulsos. Sin embargo, en la NASA parecen tener una nueva idea para que a Ícaro no le fallen las alas...
La sonda solar Parker se lanzará en agosto del próximo año 2018 desde Cabo Cañaveral con una pretensión muy concreta: convertirse en el objeto humano que más cerca ha volado jamás del Sol. Gracias a Parker, la agencia espacial norteamericana espera desentrañar los misterios de la atmósfera solar.
Durante siete años, Parker aprovechará la gravedad del planeta Venus para acercarse más y más a nuestra estrella. En su mayor aproximación, pasará a "tan solo" 6,4 millones de kilómetros de distancia del Sol, a una velocidad de 700.000 kilómetros por hora, suficiente para conectar Madrid y Valladolid en menos de un segundo.
La misión de Parker servirá a los científicos para estudiar la corona solar, región dónde se originan los vientos solares. Gracias a la combinación de imágenes de alta definición, lecturas térmicas y datos proporcionados por los numerosos sensores con que cuenta la sonda, los investigadores esperan comprender mejor cómo se distribuyen la energía y el calor a través de la inmensa masa coronal, así como la génesis y el desarrollo de las tormentas solares.
Para que a este nuevo Ícaro no le fallen las alas en su calurosa aventura, los científicos han pensado en algo más que en plumas... La sonda cuenta con un escudo protector de 10 centímetros de espesor, formado por un compuesto de carbono que protegerá al artefacto y los instrumentos que lleva en su interior de las abrasadoras temperaturas exteriores, que superan los 1.300 grados centígrados.
Los datos obtenidos por Parker ayudarán a la comunidad científica no sólo a conocer mejor nuestro Sol, sino también el resto de estrellas que brillan en el firmamento. Si Dédalo levantara la cabeza...