Opinión

Cataluña no es una democracia

TRIBUNA

Carlos Abella | Miércoles 27 de septiembre de 2017

Entre los muchos errores de percepción política, sociológica y psicologíaque los españoles, los políticos y quienes no lo somos,hemos cometido en estos últimos años es no darnos cuenta de que Cataluña no es una democracia. Si. Con esta rotundidad. Cataluña no es una democracia. Cataluña como identidad y como colectivosocial es un movimiento o mejor dicho un Movimiento, asi con mayúsculas, para mejor asociarlo e identificarlo con lo que sus dirigentes políticos más dicen detestar. Porque identificar el cumplimiento de la ley con represión, dictar sus propias leyes como creación de una legitimidad y la actuación de los defensores de la legalidad por orden de un juez como dictadura, es prueba de la carencia de principios democráticos de quienes han dirigido y dirigen Cataluña. No les importa dividir la sociedad, ni las familias. ¿Aceptarán ellos el derecho a decidir de una comarca o de un municipio que un día desee “su” independencia de la Generalitat de Cataluña y lainsumisión de un contribuyente que se niegue a pagar un impuesto dictado por quienes no respetaron la legalidad?

Como concepto, el catalanismo político, el nacionalismo catalanista y ahora el independentismo no toleran la división de poderes y la entienden como supeditada al proyecto separatista y por ello han sido evidentes y nítidas su rebelión ante el imperio de ley, considerando las investigaciones judiciales ante casos de corrupción económica ya sean institucionales o privadas como un ataque a Cataluña. No creen en la independencia judicial y la quieren al servicio de un proyecto de construcción nacional como ha acreditado la redacción –sin posible enmienda ni discusión en el Parlament- de la futura hipotética Ley de Transitoriedad. Los jueces y fiscales que están dictando resoluciones, autos y órdenes pertenecen al ámbito de los tribunales de justicia “catalanes” – el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña- no son sicarios ni mercenarios de otro imperio que el de la ley.

El poder legislativo –según su criterio- también debe estar sometido al poder político y la culminación de esa perversión ha sido y es la vergonzosa actitud de la presidenta del Parlament de Cataluña durante el reciente debate – palabra cuyo significado literal queda desvirtuado por lo que en realidad fueron esas dos sesiones- sobre las leyes del referéndum y de transitoriedad que no ha sido mas que el preludio de su activismo posterior en las manifestaciones callejeras, deshonrando las reglas de la democracia y su condición de presidenta del Parlament.

Y finalmente hay que denunciar que en Cataluña no hay prensa libre. No. Ningún medio osa investigar como ejercen el poder sus órganos ejecutivos ni se atreve a denunciar con firmeza la vulneración y transgresiónde las leyes y lo que es peor, la propia supresión e incumplimiento de su propio Estatuto, el tantas veces deseado Estatut al que ahora ellos mismos han destrozado de un plumazo, atribuyendo su desaparición de facto a “Madrid”- su bestia negra- . Al aprobar el Parlament de Cataluña la ley de referéndum y la ley de Transitoriedad, se han “cepillado” su propio Estatuto, sus propias normas de convivencia. Treinta años apenas les ha durado el clamor que inundaba las calles a finales de los años setenta: “Llibertat, Amnistía y Estatut de Autonomía”. Ningún medio catalán y muy pocos periodistas tienen los arrestos y la conciencia profesional de servir a la verdad y de ejercer su misión de contrapoder y por eso es la prensa de Madrid –“incómoda” como es obligado en una democracia para los poderes públicos españoles y son miles los ejemplos en estos últimos años de democracia - y la justicia española losque han descubierto y juzgado la corrupción colectiva de los partidos políticos catalanes- CIU y Unió-, del Molt Honorable- otra deshonra nominal-; los casos del caso Palau de la Música – otro nombre mancillado- y la sistemática creencia de que el cobro del 3 o el 4% de comisión es una forma de “fer país” y de que Andorra es su caja fuerte.

Pena y rubor da comprobar el cómplice silencio de tantas instituciones financieras, periodísticas, editoriales, mercantiles, industriales, comerciales ante el tremendo estropicio de lo que está ocurriendo por parte de quienes buscan un cambio de régimen, de una Monarquía a una República, de una autonomía rica, económica, y social –aunque endeudada, como también lo está España- a la utópica creación de un estado fuera del UE, sin la cobertura de una superestructura europea, y de un estado que por mucho que se empeñen en llamarlo “el Estado” se trata de España, nación integrada en todos los grandes organismo mundiales creados después de la II Guerra Mundial para defender un modelo de sociedad.

No aciertan a ver quiénes no han defendido ni su modelo de estado, ni su autonomía, ni su modelo de sociedad, que detrás de esta rebelión y de esta insumisión a la legalidad está la voracidad de la usurpación, la intolerancia, la falta de libertad, la apetitosa apropiación de los bienes privados y la burda y siempre empobrecedora colectivización - en nombre de su revolución- de la riqueza cultural, económica y social de Cataluña.