Opinión

Con los ojos vendados

TIRO CON ARCO

Dani Villagrasa Beltrán | Domingo 08 de octubre de 2017
Todo el mundo tiene derecho a pensar lo que le da la gana. Yo, por ejemplo, pienso que en vez de poner palabras en la pantalla blanca de un ordenador estoy con los ojos vendados, tirando con un arco una flecha que no sé si se queda suspendida en el aire, extraviada o qué. No es verdad, es una metáfora. Esos más de dos millones de catalanes que participaron en el referéndum también pueden pensar lo que les dé por ahí. Pero no estaría de más que pensaran si sus metáforas son propias o ajenas. Esa frase, por ejemplo, de que lo del pasado domingo no tuvo que ver con el independentismo, sino con la democracia. Porque todo el mundo comprendería que una pregunta como ‘¿Desea expulsar a todos los musulmanes de España?’ tendría algo que ver con la islamofobia y, sin embargo, parece que la pregunta ‘¿Quiere que Cataluña sea un Estado independiente en forma de república?’ no tuviera que ver nada con el independentismo. Es democracia. Repetida una y otra vez, esta falacia vaciaba de sentido al propio referéndum, pero daba igual, el relato con los buenos y los malos ya estaba montado. La mayoría de edad política fue el gran proyecto de la modernidad: crear individuos libres y conscientes, responsables, capaces de gobernarse a sí mismos sin necesidad de tiranos. En una palabra, aburridos. La posmodernidad, sin embargo, lleva aparejado un infantilismo político para hacérselo mirar. Se va a la revolución, sí, pero como el que juega: sin causas y sin consecuencias. Desde la virtualidad. La gamificación de la vida política, por usar un palabro en esta semana vertiginosa. Mucho más divertido, hasta que del barco de Piolín -qué risas, ¿eh?- salen los antidisturbios. Entonces, el individuo posmodernizado es incapaz de comprender qué está pasando. O, mucho peor, no quiere comprenderlo. La realidad no siempre llega en forma de violencia, que es externa, sino por el miedo, que es interno. El miedo parece que ha hecho acto de presencia. Las empresas trasladan su sede social a otros puntos de España -no pasa res, se van a los Països Catalans, dice Junqueras-, y se está registrando, dicen, un cierto movimiento de salida de capitales, de apertura de cuentas bancarias en provincias limítrofes con la raya catalana. Artur Mas, que arrancó la locomotora del procès, declara que Cataluña no está preparada ‘todavía’ para la independencia. Por cierto, y en otro orden de cosas, una noticia que ha pasado desapercibida: la Agencia Mundial Antidopaje dejará de considerar el alcohol como sustancia dopante en el tiro con arco. Tomo nota.