Opinión

El fornicio nacional

TRIBUNA

Jorge Casesmeiro Roger | Miércoles 11 de octubre de 2017

El cabecilla de los golpistas ha declarado el Dispositivo Intra Uterino. El DIU del DUI, o entrega por fascículos de la República Anticonceptiva de Cotiledonia. Es decir, que ni proclama la independencia ni dejará de pretenderla. Lo de siempre, vamos.

Se arrugó Putschdemonte en la hora decisiva. No se atreve a rematar su asonada en corto y por derecho. Consumado el trampantojo del 1 de octubre, sabe que se acabaron los blancos de cartón. Así se lo dijo el Jefe del Estado en su discurso, delante del bastón de mando de Carlos III y la empuñadura de su espada, el cubierto de la Justicia.

Achantado pues, acorazado de Escuadras ante un eventual linchamiento de los suyos, Putschdemonte regresa torticero al punto 198 de su conjura: “Soberanía dual y gobierno paralelo”. Última línea del método Sharp. El ideólogo de las siniestras tácticas del movimiento sedicioso.

Así que guerra blandita y a la puta y la Ramoneta. Que lo que cuenta es estirar los días hasta la única declaración inevitable. La que harán los golpistas ante la Audiencia Nacional. O no, como diría el presidente del Gobierno de España. Porque si los revoltosos vuelven al redil se puede hablar, dialogar, y hasta “acordar dentro y fuera del Parlamento”.

¿Y tanto psicodrama para eso? Escrito estaba ya en el siglo XVIII. Pero no en los atributos del retrato de Carlos III tras el verbo de Felipe VI. Sino en el Arte de las putas de Fernandez de Moratín. Concretamente en el Canto Cuarto, donde se narra cierto litigio entre las vulpejas de Cataluña y Madrid, que viene muy al caso de lo que nos espera. Veamos:

“Las catalanas son putas de oficio / y manejan el arte sin melindre (…) Es fama que un proyecto han ofrecido / al Ministerio, por el cual se obligan / a abastecer la Corte de pescados / y carne fresca y sana; y más han dicho: / que servirán al público barato, / y con tanto cariño y abundancia / que no hará falta ni podrá quejarse / la insaciable lujuria cortesana / pero ha de ser a Cataluña sola / con exclusión de las demás provincias / a quien tal privilegio se conceda (…).

Y sigue: “Pero las hijas de Madrid, que oyeron / en descrédito suyo y de sus gracias / tal propuesta, chillaron y dijeron / que con ojos enjutos tal infamia / no se puede sufrir donde estén ellas, / que su fama ha subido a las estrellas; y sabe todo el mundo lujurioso (…) / que nadie descontento fue hasta ahora / de entre sus piernas. ¡Ay, que se dijera / de ellas que necesitan del socorro / de otras putas para una friolera (…).

Cuenta Moratín padre, que el Gobierno, justísimo a los lloros de las casquivanas madrileñas: “Mostró blandas orejas, no dejando / que se estanque esta rama del comercio / cuando todos negocian libremente”. Claro.

Hablar, negociar, acordar dentro y fuera con exclusión de las demás provincias… Ya suenan las bolsas, duras de buena moneda y reconocimiento al celo diferencial de los septentrionales. Y Moratín que advierte: “Si hay algún medio de extinguir a las putas / es sólo no pagarlas”. Pero sólo un decano del putaísmo diría tal canallada. Que lo honrado es no frecuentarlas y gobernar España con lealtad a España toda. Este es el mandato del pueblo soberano. O nación española, o de las purgaciones no se libra ni el que inventó la goma en el Abroñigal.