Desde este viernes la ESA (Agencia Espacial Europea) ya tiene una satélite que se dedicará exclusivamente a medir la contaminación en la atmósfera de nuestro planeta.
Su nombre es Sentinel 5 Precursor (Sentinel-5P), pesa 820 kg y ha sido lanzado a las 9:27 de esta mañana desde el cosmódromo de Plesetsk, en el norte de Rusia. Para levantar del suelo los 820 kg que pesa el satélite, se ha utilizado un cohete Rockot, que lo ha guiado hasta que el Sentinel 5P ha abandonado la gravedad terrestre, momento en que el módulo de lanzamiento se ha separado de él.
Una vez liberado, el Sentinel-5P ha desplegado sus tres paneles solares y ha comenzado a comunicarse con la Tierra. La primera señal se recibió 93 minutos después del lanzamiento, cuando el satélite pasó por encima de la estación de Kiruna, en Suecia. En ese momento, los controladores del centro de operaciones de la ESA en Darmstadt (Alemania) establecieron los enlaces de telemetría, el mando y el control que les permiten monitorizar el buen estado del satélite.
La fase de lanzamiento y órbita temprana durará tres días, tiempo durante el cual los controladores comprobarán los sistemas clave del satélite y lo configurarán para volar por el espacio. A continuación, durante la fase de puesta en servicio se comprobarán todos los elementos de los sistemas y se descontaminará el instrumento principal. Una vez completada, al cabo de varias semanas, la puerta del refrigerador se abrirá y se efectuarán la calibración y la validación del instrumento principal de Sentinel-5P: Tropomi.
Se prevé que la misión comience a operar plenamente en un plazo de seis meses.
El satélite forma parte del programa Copérnico de la ESA, que tendrá como objetivo principal medir los niveles de contaminación de nuestra atmósfera. Se trata de una de las seis familias de misiones dedicadas que conformarán el núcleo de la red de vigilancia medioambiental europea Copérnico. Los ‘centinelas’ y sus misiones asociadas suministrarán datos para monitorizar el medio ambiente y dar apoyo a actividades de seguridad civil. Y ese es precisamente el motivo por el que Sentinel-5P transporta el avanzado instrumento Tropomi.
Desarrollado en conjunto por la ESA y la Oficina Espacial de los Países Bajos, Tropomi cartografiará un gran número de gases traza —como dióxido de nitrógeno, ozono, formaldehído, dióxido de azufre, metano, monóxido de carbono y aerosoles— que afectan al aire que respiramos y, por tanto, a nuestra salud y al clima.
“Con Sentinel-5P en órbita dispondremos de datos diarios y globales de nuestra atmósfera con una precisión sin precedentes”, explica Josef Aschbacher, director de los Programas de Observación de la Tierra de la ESA, que reconoce la importancia de la información quer les facilitará la misión Copernicus. “Nuestros registros de datos históricos, combinados con la perspectiva a largo plazo del programa de satélites Copernicus, abren la posibilidad de generar conjuntos de datos que abarquen décadas, algo necesario para comprender los constantes cambios de nuestro planeta”, comenta Aschbache.
En el futuro, tanto la misión geoestacionaria Sentinel-4 como la de orbitación polar Sentinel-5 monitorizarán la composición de la atmósfera para los servicios atmosféricos de Copernicus. Ambas misiones irán a bordo de satélites meteorológicos operados por Eumetsat. Hasta entonces, la misión Sentinel-5P desempeñará un papel clave en la vigilancia y el seguimiento de la contaminación del aire.