Opinión

¡Y dale con el diálogo!

Y DIGO YO

Javier Cámara | Viernes 13 de octubre de 2017

Sinceramente, no comprendo que todavía sigan políticos en este país y fuera de él defendiendo el diálogo con los que han querido romper, o han roto, todavía no se sabe, España. Que me perdone el que se dé por aludido, pero me cuesta mucho entender que aún se hable en términos de diálogo con quien ha demostrado hasta ahora (y no es poca aventura llegar a este punto) que no quiere hablar sino imponer un criterio y unos hechos a todas luces fuera del más mínimo sentido común.

Y digo yo por enésima vez: ¿Qué partido político o institución nacional o internacional se sienta a una mesa de diálogo a hablar, pactar, tratar, acordar, negociar o firmar algo que es ilegal?

Que hay un problema y hay que solucionarlo, claro que sí. Que en Cataluña hay un sentimiento de resistencia a formar parte de España, desde luego. Pero considerar un problema y buscar una solución para una parte del país que afecta a todos tiene unos caminos y unas vías ya conocidas por todos que están muy lejos de inventarse un referéndum y su resultado. Si no se quiere hacer las cosas bien, tampoco vale el chantaje al Gobierno.

Y todavía se lee en la prensa, se escucha en la radio y se ve en televisión a alguien, que siempre sale con cara de hacer lo políticamente correcto, apuntando con aires de tener la fórmula secreta que el Gobierno debe dialogar. A todos estos, una vez más, ¿qué es lo que hay que dialogar?

Ya salen solos los Mas, Junqueras y compañía para decir que todo esto es culpa de Rajoy por no dialogar, por su cerrazón a dialogar, porque es un Gobierno intransigente y terco que se niega a dialogar. Por favor, a quien competa, dejen de comprarles su principal argumento porque es una premisa falsa y todo el silogismo que se construye a partir de ahí es, lógicamente, falso.

Puigdemont tenía una difícil papeleta. Si proclamaba la independencia, mal; si no lo hacía, peor. Es muy difícil elegir a veces entre susto o muerte. ¿Qué prefieres ser un delincuente o un traidor? Al final, optó por una vía que le deja en medio de las dos cosas, una opción que no contentó a nadie y que demostró que solo piensa en la que se le viene encima y que no quiere ser el único en “pringar”.

Ahora, cuando le piden con la ley en la mano que explique qué es exactamente lo que hizo, lo que dijo o lo que firmó todos echan la culpa al mismo de siempre porque no quiere dialogar.

De verdad, ¡qué hartazgo! Parece que el único que piensa un poco aquí es Puigdemont, pero sólo para buscar la forma de seguir alargando el culebrón y salvar el cuello.

Podía haber dicho “culo”, pero hay algunos con la piel muy fina para lo que les interesa.