Opinión

Carta abierta al presidente del Gobierno

TRIBUNA

Gabriel Albendea | Lunes 16 de octubre de 2017
Excmo. Sr. Presidente:
La angustia que agita hoy la vida de muchos españoles ante la peligrosa situación de nuestra Patria por culpa de un nacionalismo violento y traidor a su propia sociedad que votó la Constitución masivamente me han llevado a escribirle, esperando que no sea tarde para que detenga la sinrazón que parece haber contagiado no solo a las juventudes secesionistas sino a partidos que son tratados como demócratas.
"Hemos declarado la guerra al Estado " decía Homs, en plural. En nombre de su partido de ERC y de la CUP, habitantes del Parlamento español. ¿Es que declaraban la guerra contra sí mismos? Son paradojas que se explican por unos dirigentes políticos ingenuos y una Justicia que no ilegaliza a los partidos que infringen la Constitución y es incapaz hasta ahora de aplicar a los sediciosos, como hizo la 2ª República, los artículos pertinentes del Código Penal. Seguro que con varias detenciones desde el principio de la sonada violenta y tumultuaria y la suspensión de los partidos que la promovían se hubiera acabado la rebelión. Se enquistan los problemas cuando se dilata su resolución. Y eso es lo que advierten los autores de la evidente rebelión: la debilidad de una dirigencia política y judicial que no asume de una vez sus obligaciones.
Es indudable que es peor que un acto terrorista el intento de destruir una Nación de 500 años de Historia solo por el capricho megalómano de una élite desquiciada y una masa manipulada desde la infancia, carente del más mínimo argumento para la separación, más aún en la época de la Unión Europea, de la que saldría inmediatamente una Cataluña soberana, y en la época de la globalización, en la que lo pequeño no puede subsistir, ahí está la salida masiva de empresas. ¿Acaso los catalanes serían más libres y prósperos de lo que son ahora porque se llamaran Nación? la realidad les está demostrando que no. Todo ese sueño delirante se sustenta en una ficción, monstruosa por sus resabios xenófobos y genocidas, que llaman pueblo catalán, una identidad inexistente cuando ese pueblo es una mezcla de todos los pueblos de España. La nación catalana sería una construcción mostrenca, no nacida de la historia, ni de la cultura, ni de la lengua, artificialmente impuesta por un poder dictatorial y utilizada no como vehículo de comunicación sino de odio y separación.
La burda mentira de los separatistas se advierte cuando antes de ningún referéndum habían aprobado la desconexión con España. Los separatistas emplean un argumento que les lleva a la contradicción absoluta: porque si tú tienes derecho a decidir lo tendrán todos y cada uno de los pueblos que lo quieran, lo que lleva al absurdo de la 1ª República y a la anarquía total.
Todo esto, Sr. Presidente, lo sabe y lo habrá leído hasta la saciedad. Pero ¿qué hacer en esta hora decisiva, casi sin tiempo para la subsistencia de la Nación, pues los sediciosos están a punto de culminar su felonía, declarando más explícitamente una independencia que ya declararon al estampar su firma en la ley de Transitoriedad ante la asombrosa pasividad del Gobierno y la Justicia? El hecho de que ahora suspendan sus ignorados efectos no implica que el día 10-O no declararan la independencia, puesto que lo hicieron. Por lo que resulta ridículo preguntar a Puigdemont si declaró o no la independencia, más aún cuando la aplicación del art.155 no está prevista para un caso así, sino para casos menos graves.
Sobra ya hablar de la perversión patológica del separatismo y de los errores del Estado durante 40 años, entregando la educación a los nazionalistas. Es hora de tomar decisiones fundamentales para el porvenir de España. Le diré lo que creo sería lo mejor: 1- Aplicación del art.155 en toda su extensión posible, independientemente de que diga Puigdemont, detención del Gobern, de Forcadell y Trapero, introduciendo las tropas necesarias, pues los Mossos han demostrado que están con la rebelión. La aplicación del art. 155 solo para convocar elecciones, como dice Rivera, no serviría si vuelven a ganar los mismos con una ley electoral injusta. Con el gran delincuente Puigdemont, que debiera estar ya acusado de rebelión por utilizar la fuerza pública para su propósito no cabe ya diálogo alguno. 2- Dado el galimatía que existe entre los partidos sobre el modelo territorial, lo más democrático sería un referéndum, preguntando a los españoles qué modelo prefieren con varias opciones, para que no se reforme una Constitución entre cuatro políticos. 3- Sobre ese resultado trabajaría la Comisión de reforma propuesta para mejorar la Ley Electoral y resolver diversos problemas y no solo el encaje de Cataluña. 4- Convocatoria de Elecciones Generales, pues es claro que no le van a dejar gobernar en minoría.
Creo, Sr. Presidente, que sin éste o parecido proceder España tiene difícil solución. Porque en esta hora crucial del ser o no ser de la Nación no caben vacilaciones, ni medias tintas, ni intereses de partido.