Opinión

Las horas libres de Zapatero

Joaquín Vila | Domingo 27 de enero de 2008
Cuando era presidente, Aznar amanecía al alba, corría varios kilómetros por los jardines de la Moncloa y, a las 8, puntual, se incorporaba al despacho para tomar las riendas al Gobierno de España. Felipe González también dedicaba un buen número de horas al frente del timón, sobre todo
en sus primeros Gobiernos. Luego, cuando le estallaron en plena cara los escándalos del GAL y de la corrupción, se construyó un gigantesco invernadero, donde pasaba largas horas podando con mimo las ramillas de los bonsais.

Zapatero tiene otro talante. No es amigo de madrugar. Duerme a pierna suelta. Si no hay algún compromiso ineludible, y para el presidente pocos lo son, se levanta a media mañana, desayuna sin prisas y luego, acompañado de su mujer, se adentra por entre la espesa y centenaria arboleda de los jardines de palacio a disfrutar de un largo paseo. Tan largo, que parece una excursión. Olmos, fresnos, alcornoques, plátanos, castaños y coníferas de todos los tipos y tamaños son los mudos testigos de las cuitas de la pareja: que si el cole de las niñas, que si la serie favorita de la tele, que si las rebajas de Harrods. Los trabajadores del complejo cuentan, y no paran, que da envidia verlos tan enamorados. Aunque lo disimule ante sus allegados más progres, para él la familia es sagrada.

Esa armonía familiar se acrecienta los fines de semana y no digamos los puentes que adornan nuestro calendario laboral. Si no hay algún compromiso ineludible, y para el presidente pocos lo son, los Zapatero al completo, con la suegra unas veces, con las amigas de sus hijas, otras, se embarcan en el avión presidencial para disfrutar del paraíso del Coto de Doñana. Allí, la naturaleza se desborda y el aroma de la marisma del Guadalquivir lo invade todo. La paz.

Pero Zapatero tiene tiempo para todo. Entre las excursiones matutinas y el aroma de la marisma, ha desdibujado el mapa de España con estatutos delirantes pactados con minorías radicales, ha triturado el consenso de la transición con una vergonzante negociación con los terroristas y al intentar marginar al partido que representa a la mitad del electorado, ha situado a la diplomacia de nuestra nación al lado de los más siniestros personajes de la escena internacional, ha saqueado la caja del tesoro público repartiendo dádivas a cambio de votos...

Si el 9-M, Zapatero gana las elecciones, hay que animar al presidente a que alargue sus excursiones por los jardines de palacio y que permanezca más tiempo en el paraíso de Doñana. O, mejor, que se tome cuatro años sabáticos. Por el bien de todos, por el bien de España.

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