Editorial

Al fin, aplicación del artículo 155 de la Constitución

Sábado 21 de octubre de 2017
Con todas sus consecuencias y con toda firmeza, sin suspender la Autonomía, sino para restablecerla, desalojando a los golpistas nacional-populistas del Govern, empezando por su presidente y siguiendo por todos los consellers, y para convocar elecciones autonómicas en un plazo no mayor de seis meses.
Hoy, Rajoy ha acertado. Tarde, pero bien. Ahora, empieza otro partido: ingrato, difícil, desagradable y lleno de riesgos, pero menos malo que el que se estaba desarrollando con los golpistas dentro del Govern.
La respuesta de Puigdemont, retórica, victimista y plena de falsedades, deja la definición concreta de la reacción de los nacional-populistas para un pleno del Parlament la semana entrante (un Parlament, es preciso recordarlo y subrayarlo, que lleva suspendido por los partidos independentistas desde hace mes y medio). La esperanza del caudillo independentista, que ha articulado en un inglés macarrónico, de ganarse el apoyo internacional, es patética: sobre todo, tras los discursos que ayer pronunciaron las máximas autoridades dela Unión Europea en su recepción del premio Princesa de Asturias y donde dejaron muy claro que fuera de la ley no hay sitio en Europa. Puigdemont nada ha concretado sobre qué medidas propondrá al Parlament. La incógnita sigue en pié: ¿declaración de la independencia y la república; o, disolución y convocatoria de elecciones?.
Una opción esta última muy conveniente para un Govern in extremis, porque podría detener la tramitación y aplicación de las medidas contempladas por el Gobierno del Estado en el desarrollo del artículo 155, siempre y cuando dicha convocatoria no se hiciera contra la Constitución: por ejemplo, convocándolas como constituyentes de la república catalana (lo cual sería inconstitucional). En todo caso, incluso unas elecciones autonómicas regulares dirigidas por golpistas y expertos en "pucherazo", aun cuando legales, serían de un riesgo evidente.
No obstante, es improbable que sus socios de la CUP y de Esquerra dejen a Puigdemont salirse de un guión épico, que al President también le gusta.