Opinión

La última semana de Puigdemont

POR LIBRE

Joaquín Vila | Domingo 22 de octubre de 2017

Ya ni el pelucón puede ocultar el rostro desencajado, el rictus de pánico de Puigdemont. A las 9 de la noche del sábado, cuando pronunció la “declaración institucional”, sus ojos aparecían nublados por la sombra de los fantasmas que le aterrorizan. Ahora sí que está al borde del abismo, asomado de horcajadas al precipicio. Ya no tiene marcha atrás. Está entre la espada del artículo 155 y la pared de los separatistas a los que ha engañado con la Arcadia feliz de la secesión.

El todavía presidente de la Generalidad debía estar entre los muchos políticos y analistas que esperaban un 155 blando, “quirúrgico”, que no alterara demasiado a los separatistas ni a los populistas como Colau, que no movilizara a las hordas de la CUP. Como si la ebullición del desafío secesionista pudiera apagarse con paños calientes.

Son los mismos ingenuos del diálogo y la negociación que todavía conceden a Puigdemont una oportunidad para salvar la cara si asiste al Senado esta semana y defiende sus postulados. Pero hasta el todavía president sabe que en la Cámara Alta sería triturado por el PP, el PSOE y Ciudadanos si se le ocurre plantear referendos pactados y otras sandeces que comparte con Pablo Iglesias, la otra víctima política de esta tragedia por capítulos, repudiado tanto por los separatistas como por los constitucionalistas, cuyo ridículo le va a costar una sangría de votantes.

.Hace poco, el 10 de octubre, escribía en esta misma columna que “el president puede huir por las alcantarillas para pedir asilo en Suiza, donde sería bien recibido por los servicios prestados. O puede optar por inmolarse y llevar hasta el final el desafío soberanista, pues tarde o temprano, debería ser detenido por sedición y rebeldía, lo que acarrea un puñado de años de cárcel. O traidor o mártir. Está atrapado en la ratonera que él solito se ha construido.”

Y seguimos donde estábamos. Todos los indicios apuntan a que va a optar por erigirse como mártir y que esta semana declarará formalmente la independencia en un pleno previsto para este lunes. La Fiscalía ya tiene redactada la querella por rebelión; de modo que podría ser detenido al salir del Parlamento. Los torpes asesores que le rodean le intentan convencer para que convoque simultáneamente elecciones autonómicas y librarse así de dar con sus huesos en la cárcel. Una patraña tan zafia como inútil. Pues a estas alturas, si declara la independencia, el furgón de la Guardia Civil le estará esperando. Solo le queda atrincherarse en el Parlamento catalán a lo Allende en el Palacio de la Moneda. Con una diferencia. Es tan pésimo estadista como el expresidente chileno. Pero no, tan valiente.