Opinión

Peña Nieto y Puigdemont, escapismo y cobardía

DESDE ULTRAMAR

Marcos Marín Amezcua | Jueves 02 de noviembre de 2017

Pues esta vez de nuevo ya toca cepillada a Peña Nieto y a Puigdemont.

Hay algo en que se parecen mucho el mandatario priista mexicano Peña Nieto y el fugado expresidente de la Generalidad catalana, Puigdemont: rehúyen los problemas. No es el único tema que los une, pero es uno muy visible.

Para el primer caso si algo distingue a Peña Nieto es su tardía aparición manifestándose sobre los asuntos clave del país. Su tardanza, atribuida a su torpeza, para proponer nombramientos en el sistema de justicia donde le compete legalmente hacerlo o pronunciarse sobre atentados, desapariciones, desastres naturales o casos de corrupción de priistas que colocan a su partido, el PRI, como aquel que cuenta con más perseguidos por Interpol, dan debida prueba de sus insuficiencias como jefe de Estado y de su ánimo evasor. A estos casos de corrupción más los ha justificado que afrontado, hay que advertirlo. Después de todo no nos extraña, pues se trata del nauseabundamente corrupto gobierno Peña Nieto, emanado del PRI.

Y en el colmo de su evidente e innegable incapacidad de liderazgo, a inicios de este año en su mensaje a la nación, Peña Nieto nos ha preguntado qué hubiéramos hecho en su lugar ante los mismos desafíos que él ha vivido, que no enfrentado, porque ya le digo que los rehúye.

En las más elementales teorías del liderazgo, si el líder pregunta a sus seguidores qué hacer, no es visto tal como incluyente o considerado interesándose en la opinión de los demás, sino que se lo mira como torpe, timorato y carente de la más elemental capacidad decisoria. Ya no le cuento si se escapa, como Puigdemont. Entonces es peor. Es el caso el priista Peña Nieto nos ha demostrado que no era la persona adecuada para dirigir al gobierno de México y nos invita a no votar por el PRI otra vez en 2018. Día con día nos recuerda que si ya alcanzó solo el 7% de credibilidad, se debe a que el PRI no es opción en 2018. Y debemos tomarle la palabra.

La cobarde fuga de Puigdemont a Bruselas es exactamente lo mismo. En un callejón sin salida por un movimiento sin pies ni cabeza, emprende la graciosa huida. Lo es porque habrase visto que un líder se escape dejando en la orfandad a sus seguidores. Por supuesto que esto revienta sus locas ideas separatistas, secesionistas y desde luego, segregacionistas hacia todo lo que no le suene a catalán de cepa. Y sepa Dios qué sea eso. Dicho esto último porque la corriente de Puigdemont se nota racista y a leguas. Dígase de una vez por todas, fuerte y clarito.

Menudo liderazgo de vergüenza es el desplegado por Puigdemont. Alborota la jicotera y escapa después. Ha sido bochornoso. Al enterarme de su escapada sentí pena ajena. Nunca un movimiento social serio triunfó en esas condiciones. Evadirse no es la solución. El líder se queda y a morir en la raya si hace falta. Lo contrario es una cobardía propia de quien avienta la piedra y esconde la mano y una irresponsabilidad hacia sus seguidores. Porque desde luego que si la causa del cesado Puigdemont fuera legal y apegada al respeto a los derechos humanos que clama violados, podría valorarse, siquiera. No es de recibo. Su ilegalidad queda manifiesta al huir a Bruselas. Por añadidura y sin sorpresas llegan los vociferantes apoyos de los de siempre, de los que pierden el jabón por la coleta y los papeles por las gracejadas, con las burdas acusaciones de que no hay democracia en España o le espera la tortura. Esas declaraciones de relumbrón, para la nota de 8 columnas embaucan a los aturdidos y a los despistados que oyen campanas y no saben dónde; y desde luego que abonan a las creencias de los más que abrazan las causas perdidas, así sean ilegales como el secesionismo catalán, con sus elecciones ilegales del 1 de octubre, incluidas.

SI las teorías conspirativas advierten de un arreglo entre Rajoy y Puigdemont, de haber ocurrido, Puigdemont le ha visto la cara a Rajoy hasta porque se ha fugado, sea con o sin su anuencia. Ojalá que la Justicia alcance a Puigdemont. La que se verá de qué madera se compone es Soraya Sáenz de Santamaría interviniendo la Generalidad. Interesante su papel, ya que nunca la he dejado de considerar seriamente para suceder a Rajoy, llegado el caso. No la perdamos de vista.

Desde luego que Puigdemont fue demasiado lejos con una algarada que acabó en motín y bufada. Se le fue de las manos la intentona, donde no recibió un solo macanazo y encima, la abandonó para beber café, ricamente apoltronado en Bruselas. El escapismo de Puigdemont deja en ridículo a su levantamiento, ese que parecía audaz, que prometía merendarse a España con el rey y Rajoy incluidos, que compromete la imagen de España por el mundo y que parecía que hablaba en serio. Parecía. Ese movimiento que entre golpes de efecto o apoyos tan grotescos como el de la alcaldesa de Barcelona, que ahora dice que reconoce al cesado gobierno, pero no a la república proclamada (solo ella se entiende) ha visto como huía su “líder”. Este independentismo catalán fue más lejos que la ETA y sus múltiples asesinatos en el nombre del separatismo vasco. Y acabó en una opereta de mal gusto, en una fuga tránsfuga de cobardía como la protagonizada por Puigdemont. Huir a Bélgica solo es una mamarrachada. Compromete al gobierno belga que innecesariamente requiere semejante incidente. El brete causado demuestra que Puigdemont no se toma la pastilla a tiempo y comete inopinadas tonterías en la primera oportunidad. La verdad es que se merece una nueva frase mexicana: “si no puedes, no compartas; mucho menos comprometas”. Qué manía de querer meter a terceros en sus problemas. Lo dicho: “Puigdemont ¿hoy ya te tomaste la medicación?”. Ya no podemos tomarnos en serio al sujeto.

Y claro: el peor error sería no aplicar la ley y condolernos con la imagen por ejemplo, de Puigdemont escoltado o esposado regresando a España. Esa foto solo sería la muestra del respeto a la ley. No cabe lloriquearla ni interpretaciones macarrónicas. Y sí, la escapada del catalán otorga una inmerecida victoria a Rajoy, que no la merece por tibio. Como no merece visitarse el Orfeó Catalá de Mèxic apoyando en desplegados la republiqueta proclamada, por hacer politiquería vergonzante. Decepcionante su papel. Es una invitación a no poner un pie en sus instalaciones de la Ciudad de México. A los españoles catalanes en México, llegados por la Guerra Civil, ¿ahora les pagará sus pensiones tal república, como hoy las eroga España? Que se lo piensen las dos partes.

Termino. Lo escribí aquí semanas atrás: más veo una España unida territorialmente y a Puigdemont en la cárcel, que a su republiqueta triunfante. ¿Qué le digo? Yo estoy por la unidad de España. Y al final Peña Nieto y Puigdemont se parecen mucho en tantas cosas: una de ellas en ese liderazgo agujereado. Se cuchichea que van a llevar a la cárcel a Puigdemont. Méritos hay. A ver si consiguen ambos parecerse en algo más. Cruzo los dedos por ambos, porque…méritos hay.

Bien lo expresó mi querido amigo Yago: Cataluña por fin es libre…pero de Puigdemont. Enhorabuena. Parabienes para todos. Felicitacions per a tots.