Opinión

Hombres en la luna

TRIBUNA

Roberto Alifano | Martes 07 de noviembre de 2017

Según el filósofo presocrático Anaxágoras, todo está en todo. Pensamiento y sentimiento que nos lleva a la dramática convicción que hace del mundo un aterrador e irreductible prodigio. También para el hombre de ciencia, lo sabemos ahora, la realidad es mágica. Los avances cibernéticos así lo demuestran cotidianamente provocando el absoluto asombro de todos y cada uno de nosotros. Estas propensiones, estos desvelos de la vertiginosa época que nos toca vivir, casi naturalmente alientan la fantasía y, por ende, son estímulos para el hecho estético, visto ahora de una manera que acaso nos permite usufructuar o correlacionar con la brillante propuesta de Stevenson: “el arte es un juego que debemos jugar con la seriedad con que juegan los niños”. Julio Verne, Wells, Asimov y Bradbury, los artífices de la llamada ficción científica, robustecen el concepto.

Pero vayamos al tema que me he propuesto abordar. Hagamos un poco de historia para entrar el controvertido asunto. El 24 de julio de 1969, tres astronautas norteamericanos lograron un perfecto amerizaje en aguas del Océano Pacífico, poniendo fin a la misión espacial tripulada de Estados Unidos, adornada con el pomposo nombre de Apolo 11, que, según afirman llevó el hombre a la Luna y consumó el objetivo de lograr que seres humanos caminaran en su superficie. La misión se envió al espacio el 16 de julio de 1969, y llegó el 20 de julio de ese mismo año y al día siguiente logró que dos astronautas (Armstrong y Aldrin) ensayaran acrobacias y jugarretas en un terreno totalmente insólito. El Apolo 11 fue impulsado por un cohete Saturno V desde la plataforma de cabo Kennedy y oficialmente se conoció a la misión como AS-506, considerada como uno de los momentos más significativos de la historia de la Humanidad y la Tecnología.

La mencionada tripulación estaba compuesta por el comandante de la misión Neil A. Armstrong, de 38 años; Edwin E. Aldrin Jr., de 39 años, apodado Buzz y Michael Collins, de 38 años y piloto del módulo de mando. La denominación de las naves, privilegio del comandante, fue Eagle para el módulo lunar y Columbia para el módulo de mando.

El comandante Neil Armstrong fue el primer ser humano que pisó la superficie del satélite terrestre el 21 de julio de 1969. Seis horas y media después del alunizaje, los astronautas ya estaban preparados para salir de la nave. El primero en hacerlo fue Armstrong, quien mientras descendía por las escaleras activó la cámara de televisión que retransmitió imágenes a todo el mundo. Una vez hecho esto, describe a Houston lo que ve, y al pisar el suelo a las 2:56 del 21 de julio de 1969 (hora internacional UTC), dice la famosa frase:

“Un pequeño paso para un hombre, un gran salto para la Humanidad”.

Casi de inmediato se oyó la voz menos firme que nudosa del presidente Richard Nixon:

“Hola Neil y Buzz, les estoy hablando por teléfono desde el Despacho Oval de la Casa Blanca y seguramente ésta sea la llamada telefónica más importante jamás hecha, porque gracias a lo que han conseguido, desde ahora el cielo forma parte del mundo de los hombres y como nos hablan desde el Mar de la Tranquilidad, ello nos recuerda que tenemos que duplicar los esfuerzos para traer la paz y la tranquilidad a la Tierra. En este momento único en la historia del mundo, todos los pueblos del Planeta forman uno solo. Lo que han hecho los enorgullece y rezamos para que vuelvan sanos y salvos a la Tierra.”

Y Armstrong casi tartamudeando, emocionado, le contesta al presidente:

“Gracias, señor presidente, para nosotros es un honor y un privilegio estar aquí. Representamos no solo a los Estados Unidos, sino también a los hombres de paz de todos los países. Es una visión de futuro. Es un honor para nosotros participar en esta misión hoy.”

Este hito histórico se retransmitió a todo el planeta desde las instalaciones del Observatorio Parkes (Australia). Inicialmente el paseo lunar iba a ser retransmitido a partir de la señal que llegase a la estación de seguimiento de Goldstone (California, Estados Unidos), perteneciente a la Red del Espacio Profundo, pero ante la mala recepción de la señal se optó por utilizar la señal de la estación Honeysuckle Creek, cercana a Camberra (Australia). Ésta retransmitió los primeros minutos del paseo lunar, tras los cuales la señal del observatorio Parkes fue utilizada de nuevo durante el resto del paseo lunar. Las instalaciones Robledo de Chavela, ubicadas en Madrid, también pertenecientes a la Red del Espacio Profundo, sirvieron de apoyo durante todo el viaje de ida y vuelta.

Se dice que apenas asumido como presidente John F. Kennedy le pidió con urgencia un análisis de situación a su vicepresidente para que Estados Unidos recuperara el liderazgo en la exploración del espacio. Lyndon Johnson estipuló que la llegada del hombre a la Luna sería la hazaña inamovible, la gesta máxima. Confiado, el 25 de mayo, Kennedy anunció que EE.UU iría a la Luna antes de terminada la década.

Desde ese momento, el programa Apolo recibió un financiamiento sin precedentes para lograr la proeza. En su pico, hacia 1966, la agencia contó con el 4,4% del presupuesto federal; unos 5.933 millones de dólares. "El administrador de NASA James Webb estimó el costo total del programa en unos 25.000 millones de dólares, que es lo que salió finalmente.

Eran los tiempos de La Guerra Fría, que comenzó como una carrera armamentística y se trasladó de inmediato a los confines del universo. El espacio pasó entonces a ser una demostración pública de poder, donde la capacidad tecnológica y militar ponían de manifiesto los avances y las amenazas tanto de un lado como del otro. Una vez que Apolo 11 aterrizó con éxito el 20 de julio de 1969, con la repercusión mundial que aún hoy tiene, la hazaña ya estaba cumplida. Pero, curiosamente, el interés por explorar la Luna se disipó poco a poco.

Apenas electo presidente, en un primer momento Richard Nixon se había negado a financiar los enormes costos del programa Apolo y lo canceló cuando aún restaban tres misiones por desarrollar. A su vez, suspendió el proyecto para establecer una base lunar para fines de los 70 y resquebrajó la quimera de colonizar Marte en los 80. "Las decisiones se tomaron en el contexto de la retirada de USA de Vietnam y del descongelamiento de las relaciones con China. El resultado fue que ya no se volvería a la Luna. De hecho, la capacidad tecnológica para hacerlo se perdió misteriosamente. En su lugar, Nixon proyectó horizontes más cercanos como el programa del transbordador espacial. Cuando la NASA se centró en tal objetivo, las misiones lunares se borraron definitivamente. “Asuntos de Estado, se concluyó sin más explicación. Dejaron de fabricar cohetes Saturn V y los ya construidos se ubicaron como exhibiciones de museos. Sospechoso desde todo punto de vista.

El poco apoyo mediático que empezaba a tener el proyecto Apolo, contrastado con el alto riesgo que implica una misión tripulada (y el costo económico) hicieron fijar objetivos más cercanos. A su vez, los objetivos científicos planteados se habían cubierto con creces. Por eso, el dinero se enfocó en otros proyectos.

La ambición por demostrar el “poder espacial” se cumplió. Se alcanzó la Luna y hoy la NASA tiene en mente objetivos aún más ambiciosos como la conquista de Marte. Los 19.508 millones de dólares de presupuesto anual se destinan, en gran parte, a ello. En cambio, hay interés privado por volver. Los móviles científicos y económicos acaso puedan hacer que se vuelva. Es probable que los próximos seres humanos en ir a nuestro satélite sean chinos, que han avanzado increíblemente. Sin embargo, todo es ahora un poco vago, sin demasiadas precisiones.

Las malas lenguas siguen argumentando que nunca se pisó la luna y que todo fue el resultado de un fabuloso montaje. Se basan en elementos bastante concretos que no vienen al caso citar; pero hay aún quienes fueron más allá y sostienen que Stanley Kubrick, uno de los directores más influyentes en la historia del cine contemporáneo, fue el artífice de la fabulosa puesta en escena y filmación, aunque siempre eludió hablar del caso y sus evasivas resultan más que sospechosas. En la época no estaban tan adelantadas las comunicaciones y no había celulares; por consiguiente, escamotear ciertas circunstancias era del todo posible. Se registró, sin embargo, una llamada entre el Secretario de Estado de la Casa Blanca y el director de La Naranja Mecánica. ​

“¡Hola, Stanley , ¿cómo anduvo nuestro operativo?”

“Un éxito, señor Secretario, llegamos a la luna”.

No mucho después, consultado el célebre Orson Welles sobre si en verdad el hombre había pisado la luna o todo era un montaje dirigido por Stanley Kubrick, comentó con una sonrisa. “Ese muchacho es un romántico capaz de cualquier cosa, un genio de nuestro tiempo. No hizo más que agregar otro capítulo a su película 2001: una odisea en el espacio”.