Se suele decir que generalizar es injusto. Y lo es. Hay que entender que muchas veces es la forma que tiene el interlocutor de hablar de forma fácil, de redondear las cifras de una realidad para que se le entienda. Pero, efectivamente, no todos los educadores en Cataluña adoctrinan.
Si hay muchos o hay pocos no lo sé. Tampoco sé siquiera si hay una contabilidad o informe de evaluación al respecto. En Ciudadanos hablan de cientos de casos. Pero lo cierto es que los hay y de la misma manera que no se puede decir que todos los profesores en Cataluña adoctrinan a sus alumnos, las autoridades educativas de la Generalitat tampoco pueden asegurar que no se haga.
Hay que recordar que ocho profesores están, como se dice ahora, investigados por un delito de incitación al odio. Ellos niegan que dieran consignas políticas en clase a los alumnos sobre el referéndum del pasado 1 de octubre y que arremetieran contra las actuaciones de la Policía y Guardia Civil. Hasta once denuncias al respecto dicen lo contrario.
Algunos niños dijeron que sus profesoras les enseñaron que “la Guardia Civil es mala y pega a la gente”. No se puede caer más bajo al explicar a los más pequeños,a los más indefensos, que “han pegado a la gente que quería votar y han matado a una persona”. El abogado defensor, en su lógica acción judicial, le da la vuelta y dice que “las profesoras lo único que hicieron fue sacar hierro al asunto sobre cualquier tipo de conversación entre los alumnos relacionada con el 1-O”.
Y digo yo: sabiendo que hay casos denunciados y con pruebas de este adoctrinamiento, ¿qué podemos hacer con un profesor que enseña a sus alumnos a odiar? ¿Ese es el espíritu que debe prevalecer en un docente? Si como parece, esta no es la línea que nadie quiere para la educación de sus hijos, insisto, ¿qué se debe hacer con un profesor que moldea las mentes de sus colegiales a su antojo ideológico? ¿Les dejamos que sigan en las aulas?
Como se suele decir, los profesores están obligados a dejar el ideario político en la puerta del colegio. Después, que hagan y digan lo que quieran, pero educando... no creo que haga falta ahora insistir en la importancia de la Educación en una sociedad. Obviamente, no es un tema menor, es un pilar sagrado para el futuro y normal convivencia de generaciones que requiere de la responsabilidad de los encargados de su desarrollo.
Cada uno podrá pensar lo que quiera, está en su derecho, pero que en un colegio de Jesuitas los cuentos terminen con un “Matan al Rey y a los policías malos” rompe el alma. ¿Ese es el final feliz de la historia? ¿Dónde está la responsabilidad de los que inoculan todo este odio en el pensamiento de los más pequeños?
Si se demuestra el adoctrinamiento, parece claro que la única solución es la inhabilitación de los irresponsables que han demostrado que no pueden acatar la ley, que han traicionado la confianza puesta en su labor educadora. ¡Qué hagan carrera en la política o en sindicalismo, pero no en la docencia!
Y dicho todo esto, tampoco tiene sentido que algunos padres y profesores utilizaran a niños menores como “escudos” en las huelgas y movilizaciones en Cataluña. Las imágenes no engañan y se vieron hasta bebés en medio de una carretera.
Termino, ¿hasta dónde llega el fanatismo de algunos por defender una causa? Otras acciones, e incluso la propia huelga, puede discutirse, pero, por favor, por sentido común, ¡no utilicen para su causa, no instrumentalicen, a los niños!