Prólogo de Félix Sanz Roldán. Península. Barcelona, 2017. 312 páginas. 17,90 €.
Por Federico Aguilar
Recuerda Javier Lesaca -consultor e investigador visitante en la Universidad George Washington y miembro del Observatorio Internacional de Estudios sobre Terrorismo, y uno de los mayores expertos en analizar estrategias de comunicación de grupos extremistas-, que en verano de 2014 la expansión de un virus letal, el ébola, conmocionó a todo el planeta. Pero esa conmoción quedó oscurecida por la visión de otro virus aún más letal, más terrible, más amenazante: un vídeo en You Tube mostraba a un hombre vestido de naranja fosforito y de rodillas. Junto a él aparecía un individuo que se asemejaba con su vestimenta a un ninja o a un personaje de un violento videojuego. El ninja -del que después se supo que era el ciudadano británico Mohamed Emwazi, y la víctima el periodista norteamericano James Wright Foley, secuestrado en Siria hacia dos años-, degollaba a su víctima con un corte limpio, rápido, de su machete.
Este macabro vídeo fue la presentaciónen sociedad de un nuevo grupo terrorista de la Yihad, igual de violento y cruel que Al Qaeda, pero mucho más adaptado a los tiempos de hoy, a internet, a las redes sociales. El Estado Islámico (EI) comprobó cómo la utilización de las nuevas tecnologías le ofrecía una forma privilegiada de propagar su perverso mensaje. Y, lo más espeluznante y terrorífico, de conseguir adeptos en todo el mundo, soldados para su “ideología” de sangre y fuego. El Dáesh había superado los largos, aburridos, cutres y deficientes vídeos de Al Qaeda: “El terrorismo yihadista -apunta Lesaca- había mutado hasta convertirse en una de las mejores agencias de marketing y de producción de contenidos multimedia digitales del mundo. Todo estaba preparado y estudiado para poner en jaque al mundo postmoderno a través de una estrategia de comunicación pública global sin precedentes”.
En Armas de seducción masiva. La factoría audiovisual de Estado Islámico para fascinar a la generación millennial, Javier Lesaca analiza en profundidad esa estrategia, muy pensada. No por azar la mayor parte de los vídeos de EI se nutren de imágenes de populares y exitosos videojuegos, películas o series, entre las audiencias más jóvenes de los países occidentales, y presentan una estética y un ritmo similares a un videoclip: “El Califato habla el mismo idioma cultural que sus audiencias para que sus mensajes sean más eficaces”.
Esta táctica es especialmente maligna, pues pretende convertir la muerte y la violencia en algo bello y seducir a jóvenes desencantados y frustrados a los que venden una vida excitante y heroica si se unen al yihadismo. Y no es nada fácil enfrentarse a ella, aunque Lesaca apunta una vía posible para derrotar a este nuevo terrorismo: “Requiere construir una alternativa cultural y social que sea igual de atractiva para las generaciones más jóvenes. La democracia, el Estado de Derecho, la libertad y la igual no deben ser solo citas de libros de historia y derecho, deben ser productos culturales atractivos. Poner la democracia y la libertad de moda es la mejor forma de combatir el terrorismo, el extremismo y la violencia”. Este trabajo de Javier Lesaca aborda uno de los mayores desafíos que el terror ha lanzado globalmente y que amenaza el futuro. No pueden ahorrarse esfuerzos, medios…, para vencerlo.