Opinión

¿Quién está ganando?

TRIBUNA

Luis Asua Brunt | Martes 14 de noviembre de 2017

Todo movimiento nacionalista pretende la creación de un estado propio. Es un proceso largo y tortuoso que pretende lograr que lo que parece imposible, la independencia, deje de serlo e incluso acabe por ser probable. En la guerra ideológica contra el nacionalismo catalán estamos viviendo –aún no ha terminado- unos momentos muy importantes y sin duda históricos. Una posible inflexión de enormes consecuencias.

La secesión de Cataluña ya no es un imposible. Esa idea quizá se arrumbó a mediados de los noventa cuando CIU empezó a abandonar el regionalismo. Antes tuvo alguna posibilidad durante la II República, por lo que habría que estudiar si la época de Franco fue una simple tregua que no acabó de calar del todo. Hoy nadie duda que exista una posibilidad de que Cataluña, en algún momento, se independice.

La pregunta que hay que hacerse, y ahí radicaría el éxito de los últimos acontecimientos para el nacionalismo catalán, es si esta posibilidad ha avanzado cualitativamente a lo probable. Y cuando hacemos una valoración de los costes y beneficios de una posible secesión, nos encontramos ante un escenario en el que, por lógica, lo es. Hoy la batalla ideológica se basa en esos parámetros, lo que supone todo un síntoma de probabilidad...

En este punto toca advertir sobre la lógica nacionalista (hagamos una imaginativa, y generosa, proyección de lo que piensan…según el método de Isaiah Berlin). Pues bien, para ellos, para los nacionalistas, el precio de la independencia puede ser altísimo y, lo que es peor, asumible en su lógica tan peculiar. No nos confundamos: Un nacionalista está dispuesto a poner encima de la mesa muchos cientos de miles de muertos (Vietnam, Argelia), varios miles (Irlanda del Norte) o más de mil (como en el caso del País Vasco). Por tanto, una contracción brutal del PIB o la salida de la Unión Europea son costes asumibles.

En el bando nacional –por llamarlo de alguna manera- coexisten varias sensibilidades aunque, fundamentalmente, son dos: la de la derecha y la de la izquierda. La derecha practica un nacionalismo sin fisuras promoviendo la unidad de España, una simbología potente y cero concesiones. Pero el nacionalismo de la izquierda española, es algo más peculiar. Por eso lo definimos, académicamente, como nacionalismo dual.

La izquierda española practica un nacionalismo -aunque prefieran llamarlo patriotismo- de simbología muy débil y basado fundamentalmente en el estado.

La izquierda en España, por muchas razones, sólo es “nacional” cuando la forma del estado coincide con sus deseos (democrática, socializante, más republicana que monárquica, federal, etc.). El problema es que cuando la derecha, aunque sea de manera democrática, gobierna, la izquierda tiende a no identificarse con el país y el apoyo a las grandes cuestiones nacionales se difumina. Obviamente existen matices desde el PSOE más moderado a Podemos. Para ilustrar este punto, vean un video de Pablo Iglesias -que circula en internet- sobre su incomodidad con la noción de España.

En este contexto hay que volver a hacerse la pregunta… ¿Estamos en que es posible o probable la secesión de Cataluña? Creo que salvo un milagro de Arrimadas o más bien del seny catalán y que se vote para castigar y parar los pies a la monumental chapuza (y el coste económico) que está produciendo el Procés, Cataluña no se estabilizará tras las próximas elecciones del 21 diciembre.

Asumamos que tendremos un Parlament muy parecido al actual, con una mayoría operativa independentista que, afortunadamente, no llegará a la mayoría absoluta. Se investirá un gobierno que estará la mitad huido y la otra mitad en prisión. Hay que recordar que en nuestro sistema legal no existe la inhabilitación preventiva. Y entonces la batalla será la inevitable en forma de referéndum legal, máximo exponente de la “probabilidad” de la secesión. Sin duda en ese momento el veredicto será claro… ¡Habrán avanzado y habrán ganado!

Otra opción es que se articule una coalición. Una especie de post-plan Ibarretxe con ERC y una fuerza moderadora, el PSC o –supongo que es lo que pretenden algunos- Podemos. Entonces se podría abrir un periodo de cierta estabilidad aunque de poco vigor económico. Pero en cualquier caso, supongo que el precio será que el PSC acabe con su ambigüedad y sus contradicciones internas y abiertamente apoye un futuro referéndum. También mal asunto. Sólo quedará la derecha nacional y son menos. Y ésta también empezará a resquebrajarse, y si no al tiempo...

Mientras catalanes, y también los españoles, seguiremos sin afrontar los verdaderos problemas de nuestra sociedad: La precarización y subempleo de gran parte de la sociedad, el desastre demográfico, la elefantiasis legislativa, el estatismo frustrante, la degradación del individualismo y demás problemas de nuestra sociedad donde muchos, demasiados, no encuentran un proyecto de vida decente que les satisfaga.