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NBA. Joel Embiid empieza a hacer historia: registro único con los Lakers como víctimas

BALONCESTO

EL IMPARCIAL | Jueves 16 de noviembre de 2017
El pívot firmó unos números nunca antes vistos en la mejor liga de baloncesto del planeta.

Al tiempo que la NBA sigue preguntándose si la crisis de tiro de Lonzo Ball -es el peor tirador de tres del campeonato- es para desterrar a Magic Johnson y a LaVar Ball como ojeadores o un mero producto de la presión excesiva que ambos han puesto sobre el mencionado novato, los Philadelphia 76ers tomaron el Staples Center en un ejercicio de autoridad que ha terminado por contagiar a los analistas y aficionados de todo el mundo de ilusion. El futuro del baloncesto estadounidense está asegurado, se vanaglorian desde la pasada madrugada.

No fue la (enésima) pobre actuación anotadora de Ball -más aseado en el resto de parámetros que le son característicos- la que colocó el envite de este jueves en la retina de todos, sino la acumulación de talento juvenil que descorchó la primera página de la leyenda de un pívot que fue catalogado por su analista de draft como el nuevo Hakeem Olajuwon, si las lesiones le respetaban. Pues bien, no le ha respetado. Sus dos primeros años de baloncesto profesinal se los pasó casi en blanco (31 partidos en total) por una fractura de menisco.

Pero en este curso parece que su fortaleza anatómica ha ganado en consistencia y su talento, en consecuencia, ya resplandece. Con una capacidad para dañar al rival única en un jugador de 2,13 metros, en términos de movilidad, finura en la traslación y juego de pies, el jugador camerunés de 23 años está promediando 23 puntos, 11 rebotes, tres asistencias y dos tapones en los 12 partidos disputados desde que arrancara la actual temporada. Todo ello como líder del proceso de rejuvenecimiento talentoso que ha colocado a los de Philadelphia como el sexto mejor equipo de la Conferencia Este (récord de 8-6, por delante de los Cavaliers de Lebron James, mejor equipo rebotador, segundos en asistencias y octavos más anotadores).

Y esa inercia, muy bien aliñada por la irrupción del presumible mejor rookie Ben Simmons -18 puntos, 9 rebotes y casi 8 asistencias de media-, la compañía del tirador J.J. Reddick y el esfuerzo coral bien engrasado de un vestuario hambriento, tocó techo en el mejor escenario imaginable. Con Brandon Ingram (26 puntos y 11 rebotes) y Kyle Kumza (24 puntos y 7 rebotes) dando la contra en el conjunto angelino en cuando a juventud y fiabilidad, Simmons se iría hasta los 18 puntos, 9 rebotes, 10 asistencias y 5 robos y, ojo, el virtuoso gigante Embiid firmaría una histórica tarjeta de 46 puntos, 15 rebotes, 7 asistencias y 7 tapones. En 34 minutos, ya que su recuperación le restringe el tiempo de juego en cada partido.

Ningún nombre consiguió concatenar tal acierto en los cuatro parámetros mencionados. De hecho, el africano alcanzó varios récords personales (tenía su techo en 33 puntos) y se convirtió en el primer jugador de su franquicia en superar la frontera de los 40 puntos desde que Allen Iverson asestara 45 en 2006. Brook Lopez, Julius Randle y compañía nada podrían hacer ante el ejercicio de maestría en los fundamentos que ofreció un Embiid que decidió el duelo con 19 de sus 46 puntos en el último cuarto.

Número 3 del draft de 2014, después de haber jugado desde entonces sólo 786 minutos y con lesiones en el pie, la espalda y la rodilla, fue el elegido por los Sixers como jugador franquicia. En este verano le confiaron un contrato de 148 millones de dólares -desde 2018 hasta 2023-. Ese arriesgado movimiento de la directiva de los de Philadelphia levantó una polvareda sensacional en la Liga, pero es que Embiid pudo ser mejor novato del año habiendo jugado 31 partidos sobre los 246 posibles. Y casi siempre con cautela y restricciones decretadas desde el banco. En fin, la confianza en el proceso se desnudó acertada desde octubrey, sobre todo, en la pasada magrugada. Tras años de tanking ya ha escrito una página (positiva) en la leyenda del baloncesto estadounidense.

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