Cultura

Primera exposición antológica de Mariano Fortuny, un renovador del arte

EN EL MUSEO DEL PRADO

Elena Viñas | Viernes 17 de noviembre de 2017
La muestra reúne 169 obras, 12 de ellas nunca antes vistas en público.

La primera exposición antológica dedicada a Mariano Fortuny (1838-1874) permitirá contemplar en el Museo del Prado a partir del 21 de noviembre un conjunto de 169 obras de una de las figuras fundamentales de la pintura española del siglo XIX.

Fue un maestro del óleo, de la acuarela, del dibujo y del grabado. Lo atestiguan las piezas reunidas, 67 de ellas nunca antes expuestas fuera de sus colecciones y museos, y 12 de ellas, inéditas.

Descrito por Javier Portús, jefe de conservación de pintura del siglo XIX y comisario de la muestra, como un artista “tenaz” de habilidad “extraordinaria”, es considerado por la historiografía como un renovador por su tratamiento de la luz y del color, así como de la captación anatómica.

Portús destaca, asimismo, la forma tan "moderna" con la que se aproximó al natural y que fue uno de los primeros en introducir la temática japonesa en sus composiciones, como demuestra en el magnífico óleo Los hijos del pintor.

Su profundo conocimiento de la pintura le permitió concebir obras de honda expresividad que denotan su gran destreza en la representación de la incidencia de la luz en las figuras y en los objetos.

El “ojo prodigioso” de Fortuny, como lo define el Prado, hizo posible que firmara obras maestras por las que recibió el reconocimiento internacional. Viajó a Roma, París o Granada, donde creó pinturas tan exquisitas como Vendedora de verduras en Granada o Jardín de la casa de Fortuny, en las que dejó constancia de su gusto por la vegetación arbórea.

Si bien, fue trascendental en su trayectoria su estancia en el norte de África, donde conoció las posibilidades expresivas de la luz y donde se intereso por las costumbres y los tipos árabes. Destacan de esta etapa Marroquíes, de pequeño formato, o El vendedor de tapices.

Un destacado acuarelista

En el recorrido propuesto por el Prado, el museo pone el acento en mostrar a Fortuny no sólo como un maestro de la pintura, sino también de otras disciplinas. Así, evidencia su maestría como acuarelista – “la más sobresaliente de su tiempo” – al tiempo que da cuenta de sus dotes como grabador a través de piezas como el aguafuerte Anacoreta, del que expone la lámina de cobre original.

No pasa inadvertido para ningún visitante un lienzo ubicado en el techo de una de las salas. Se trata de La reina María Cristina pasando revista a las tropas, un óleo que mide 3 x 4,6 metros y que se muestra por primera vez colocado en la ubicación para la que fue encargado: uno de los techos de la residencia parisina de la monarca regente. Esta restitución de la obra “permite su cabal comprensión”, señala el Prado.

También destaca el museo como novedad la exposición de parte de las antigüedades que atesoró el pintor en su taller, entre las que figuran un arcón del siglo XVII y un espejo veneciano ricamente decorado. “Se sintió atraído por toda clase de objetos, especialmente armas, cerámicas, textiles, marfiles, muebles y cristales”.

Sorprenden, por su asombroso parecido, las copias que realizó Fortuny de otros grandes maestros como el Greco, Ribera, Velázquez o Goya, artista al que se sintió más unido. Impacta contemplar sus versiones del retrato de Inocencio X, de Velázquez; de la Familia de Carlos IV, de Goya, o del San Andrés, de Ribera.

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