Donald Trump es un multimillonario metido a político que ha resultado ser presidente de los Estados Unidos. De carácter tendente al protagonismo, a la llamada de atención, a pesar de tener entre manos herramientas diplomáticas y el peso del protocolo sobre su espalda desde que habita la Casa Blanca, se despacha en Twitter con soltura dialéctica y sin ningún tipo de filtro. Aunque tiene ante sí asuntos como la relación con Corea del Norte, la migración en su país, la guerra contra Daesh, la derogación del ObamaCare, las luchas internas en el seno republicano y el goteo de tiroteos que ponen en cuestión su apoyo al acceso a las armas de fuego, dispone, al parecer, de mucho tiempo libre.
LaVar Ball es un ex jugador de fútbol americano que sólo llegó a rozar la NFL en 1995 -fue probado y cortado por los Jets y los Panthers-. Además, jugó al baloncesto en su etapa universitaria con cierto acierto. Con el paso de los años, saldría del anonimato promocionando a su plataforma para convertirse en una celebridad estadounidense: su hijo Lonzo. El joven vástago resplandeció en las canchas universitarias hasta el punto de ser nombrado como base titular de los Lakers por Magic Johnson. Entonces, LaVar fundó la marca deportiva Big Baller Brand, con sus hijos como reclamos. Está considerado como uno de los personajes más polémicos de la esfera deportiva norteamericana y como opinador ha colocado a Lonzo una presión tan pesada que el novato se ha ganado montañas de críticos aunque sólo haya jugado una docena de partidos en la NBA.
Pues bien, los caminos de ambas personalidades estadounidenses se han unido en estas semanas. Además de compartir tiempo libre, un pensamiento comercial que escatima con lo ético, el reclamo de protagonismo y el gozo en la fractura de lo políticamente incorrecto -granjeándose ambos acusaciones de racismo y machismo-, las circunstancias les han empujado a batallar en el plano dialéctico, un encuadre en el que retozan con asombrosa asiduidad y habilidad.
El caso es que el otro hijo jugador de baloncesto de LaVar, LiAngelo Ball, compite en la NCAA y destaca, en parte por la publicidad que le hace su padre. Y formó parte de la expedición del baloncesto universitario de EE.UU., como componente del equipo de UCLA, que viajó a China como parte de la gira transatlántica del equipo y la competición universitarios. Él y otros dos compañeros (Cody Riley y Jalen Hill) tuvieron la brillante idea de tratar de robar un artículo barato (gafas de sol) en una tienda. En consecuencia, fueron detenidos y sobre sus cabezas rondaba una posible pena de 10 años de prisión.
La broma les iba a salir definitivamente muy cara. Entonces, el jefe de la manada de los Ball tembló, casi silente, ante la interrupción del otro nicho de mercado que tenía pensado. Y Trump encontró la escena perfecta para teatralizar una reconciliación con el mundo de la NBA y, en general, del deporte afroamericano, que con tanta virulencia ha atacado -vía Twitter-. El mandatario publicitó su mediación con China para que los chicos fueran liberados hasta conseguir que todo el mundo se enterara.
Hechas las gestiones, el presidente de Estados Unidos emitió el siguiente mensaje: "Creen que los tres jugadores de UCLA dirán gracias presidente Trump? ¡Iban a estar 10 años en la cárcel!". Acto y seguido, los acusados de robo en el gigante asiático comparecieron ante los medios y agradecieron al dirigente su labor y participación en la rebaja absoluta de la condena. Incluso LiAngelo, de 19 años y suspendido por su equipo de forma indefinida, expresó su arrepentimiento: “Siento haber robado en tiendas de China. He aprendido la lección de este gran error y estoy cien por cien seguro de que nunca volveré a cometer un error parecido. De ahora en adelante seré una mejor persona”.
"A los tres jugadores de baloncesto de UCLA les digo: 'De nada, salgan y den gracias al presidente de China, Xi Jinping, que hizo posible su liberación y ¡tengan una gran vida! ¡Tengan cuidado, hay muchas trampas en el largo y sinuoso camino de la vida!", contestó el presidente. "Hurto es un gran problema en China, como debería ser (5-10 años de cárcel), pero no para el padre LaVar. China les dijo por qué fueron liberados. ¡Muy ingrato!", sentenció
En ese punto, LaVar entendió que le habían comido el terreno y preguntado al respecto por la ESPN el pasado viernes respondió "¿quién?", refiriéndose a Trump. "¿Para qué estuvo allí? Todos quieren que parezca que él me ayudó", prosiguió para concluir que "mientras mi hijo vuelva, estoy bien". "Estoy contento con la forma en que se manejaron las cosas. A mucha gente le gusta decir muchas cosas que piensan que sucedieron allí. Como dije: 'A veces intentan hacer un gran negocio de la nada'. Soy de Los Ángeles. He visto cosas peores que un tipo robando unas gafas", zanjó el patriarca de la marca y familia Ball.
Pues bien, este domingo llegó la última palabra (por el momento) de la conversación pública. Y lo hizo desde el Despacho Oval. Trump abrió su cuenta de Twitter, de vuelta de la gira asiática, y se desahogó. "Ahora que los tres están fuera de China y a salvo de pasar años en la cárcel, LaVar Ball, padre de LiAngelo, no acepta lo que hice por su hijo y que el robo en una tienda no es una gran cosa. ¡Debería haberlos dejado en la cárcel". En definitiva, mientras Lonzo naufraga ante las expectativas creadas por su padre y Donald bate récords de impopularidad, no parece que los cabezazos entre machos alfa vaya a quedarse en este capítulo.