Opinión

28 de enero de 2008

Domingo 27 de enero de 2008
LIBERTAD O IGUALDAD

La economía se ha situado, más que en ninguna ocasión anterior, en el eje del debate electoral, cuando justamente se sospechaba que éste iba a estar teñido de alusiones a lo político, como sobre la estructura del Estado, el concepto de Nación, los Estatutos de Autonomía o la reforma constitucional. Ése es el terreno elegido singularmente por Mariano Rajoy, tal vez con la esperanza de que el electorado recuerde la gestión del PP. Por esa razón, el líder popular ha ofrecido en su programa ni más ni menos de lo que su partido hizo cuando gobernaba: austeridad en la administración pública, medidas liberalizadoras, reducción de impuestos y reactivación del mercado laboral, hasta alcanzar la creación de dos millones y medio de empleos. En este terreno, es evidente que Rajoy lleva la iniciativa, de la misma manera que la ha perdido en otros terrenos, donde el PSOE tiene mejor capacidad de comunicación, especialmente en el campo de lo social, en el que su imagen aparece reforzada para muchos votantes. En el fondo, se produce una vez más el conflicto que ideológicamente ha separado a los socialismos de los liberalismos: mientras éstos han primado la libertad y el progreso que de ella se deriva, los otros han apostado por la igualdad y el reparto de los recursos. Es exigible, sin embargo, que en esta campaña no se relegue el componente político, porque, entre tantas promesas, podemos olvidar qué quiere hacer cada uno con España; o si se va a negociar con Eta otra vez; o si la Constitución y la Ley Electoral son inmutables, por mucha falta que haga su transformación y democratización. Promesas económicas, pues, pero también ideas y convicciones políticas. Es lo menos que puede pedirse.


UN DURO, UN VOTO

Hasta ahora, las promesas electorales podían ser más o menos extravagantes o, en palabras de Tierno Galván, hechas para no cumplirse. Adonde no había llegado ningún partido en la democracia española había sido al clásico atribuido a Romero Robledo en la Restauración: un duro por un voto. Por fin lo ha hecho el Partido Socialista, de la mano de José Luis Rodríguez Zapatero: dará cuatrocientos euros a trece millones de españoles si gana las elecciones. Con ese tipo de promesas, el sistema se convierte en una sala de subastas. Por ejemplo, el PP podría ofrecer 500 euros o Izquierda Unida, mil (en su caso, con la garantía de que nunca tendría que pagarlas). El partido que garantizara, pongamos por caso, diez mil euros, tendría muchas posibilidades de victoria. Claro que lo que ninguno aclararía es que esos euros no son del dinero del partido, sino de todos los españoles, de los que lo cobrarían y, sobre todo, de los que le pagarían al resto. Profundo sentido de la solidaridad éste, que se aprovecha del dinero de otros para su beneficio electoral. Es complicado conocer por qué un partido hace este tipo de promesas demagógicas o, cuando menos, populistas. ¿Tanto miedo tiene de perdersi no se sumerge en estas ofertas políticamente groseras? O ¿cree el PSOE, de verdad, que la gestión económica del Gobierno debe centrarse en la subvención, la dádiva, el cheque-regalo? Probablemente sea una mezcla de ambas cosas. El PSOE sabe que la percepción de los españoles sobre su gestión económica es manifiestamente mejorable, y sabe también que, en ese terreno, su oposición del Partido Popular genera mucha más confianza, especialmente tras su etapa de Gobierno con Aznar. Quizá por eso se lanza a la desesperada a cambiar duros por votos. Esperemos, al menos, que el PP no caiga en la tentación del contagio.


BASURA ESPACIAL

La alerta sobre la caída de un satélite averiado sobre la Tierra recoge enseñanzas que no se pueden desdeñar. La primera es que el hombre está sembrando de basura de difícil control el espacio exterior, y se desconoce cuál pueda ser la peligrosidad de esta saturación. Y la segunda, quizá la más preocupante, es que ese mismo hombre depende cada vez más de los satélites. Una ficción sobre catástrofes debería apuntar más a ese mundo de ahí afuera que a otras acciones humanas de las que se pueda sospechar peligros para el Planeta. Porque si falla la cobertura exterior, la entera economía mundial, su red de comunicaciones, retrocedería décadas. Llenamos de basura el espacio y, a la vez, vivimos de esa basura. Una reflexión global sobre ello sería oportuna.

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