Opinión

Yonquis de la atención

TIRO CON ARCO

Dani Villagrasa Beltrán | Lunes 27 de noviembre de 2017
Una de las buenas noticias de esta semana es que ya se puede hablar de otras cosas que no son el ‘procés’. Supongo que es un caso de eso que llaman economía de la atención. En tiempos en que los mensajes que se generan tienden al infinito, lograr captar la atención es el reto de toda empresa, y, en ese sentido, los Puigdemones y Junqueras han conseguido que no se debatiera más que de lo suyo. Durante cinco años en Cataluña, y, a partir de la ley de referéndum declarada ilegal de este septiembre, en todo el resto de España, han invadido el espacio público y no ha quedado espacio para nada más.

Mucho más callados, los nacionalistas vascos han arreglado el cupo que les sitúa como región privilegiada fiscalmente y, además, lo han hecho con amplio consenso parlamentario. Cualquier fórmula para explicar este agravio comparativo con el resto de comunidades autónomas que no pasara por los intereses electorales y partidistas nos adentraría en los terrenos de la ficción. Es normal que surjan voces críticas en el seno de los partidos mayoritarios contra el arreglo que perpetúa el privilegio de unos frente a otros. Cómo ha sido posible, razonan los indepes, con el ruido que han hecho en Cataluña, ver a otros conseguir lo que muchos de los independentistas pretendían antes de que la locomotora y sus vagones escaparan de su control.

Viendo ya cómo se diluye el interés por su causa, Puigdemont, desde Bruselas, prepara nuevas performances: que Cataluña vote sobre su permanencia en la Unión Europea. Claro que sí. No vaya a ser que a los españoles o, incluso, a los europeos, les de por hablar de otros problemas que no sean los que los políticos independentistas han logrado crear con denodado esfuerzo. No hay que dejar espacio en las portadas para hablar de violencia machista, que ya ha logrado movilizaciones y concienciación masivas en toda España. Sería una vulgaridad que se abran vías para hablar de otros problemas que no sean la independencia de Cataluña. Que se abran melones que no sean los suyos.

La sequía, ya ven. ¿Qué tendrá eso que ver con la democracia entendida alla maniera independentista? ¿Qué interés podrá tener algo que no se puede votar? E incluso esa horterada del ‘black friday’. Y, ¿ya se nos ha olvidado la corrupción?

Hay quien piensa que no se ha hablado lo suficiente sobre el problema en Cataluña hasta que no ha explotado, que se ha ignorado durante mucho tiempo. Estoy de acuerdo. Pero que ya se pueda hablar de otras cosas es un síntoma de vuelta a la normalidad.