Opinión

De simbólico nada, muy real

TRIBUNA

Marcelo Wio | Martes 28 de noviembre de 2017

La declaración unilateral de independencia (DUI) fue un acto de carácter “simbólico”, dijo, según fuentes judiciales, Carme Forcadell. Algo así como un saque de honor antes de un partido de fútbol – sólo que en este caso, pretendía influir en el resultado del partido, es decir, no era símbolo, sino entidad.

¿Qué representaba - concepto de qué era – dicha DUI? ¿Fue ya “simbólica” el día de su declaración? ¿Suponiendo (lo que requiere grandes dosis de esfuerzo para el autoengaño en beneficio de la interrogación) que lo fuera, de haberse encontrado con circunstancias distintas, el símbolo hubiese devenido condición? ¿Y cómo saber, en este punto, que esta declaración de la señora Forcadell ante el juez no es “simbólica” – un símbolo de la pretensión, si no de impunidad, sí de lenidad?

Pero volvamos a la “simbólica” DUI. ¿Se postulaba, pues, como símbolo, como acto iniciático de una suerte de “fe catalana”: donde la “República Catalana” era el paraíso perdido pero recuperable a través del sacrificio popular?, Así, pues, ¿era un símbolo o, más bien, una señal para que la “calle”, “la gente”, diera el siguiente paso, el de la presencia pública más “activa” (o menos festiva) – con esa sensación de irreversibilidad que son capaces de instalar los actos que desafían al “otro”, el que no acata la “nueva fe” –; el de su obediente acción abnegada que no precisa de explícitos llamamientos porque durante años se la ha inflamado con lo necesario para que no admitan la frustración de las utópicas y exclusivistas promesas? En resumen, ¿pretendían imponer una “experiencia religiosa” primitiva; un estado de ánimo, más bien, fácilmente manipulable?

¿Y qué revela ese símbolo de quienes lo escenificaron, lo crearon? ¿Qué dice de su cultura política, de sus intenciones? ¿Qué dice de ellos el que lo hayan planteado como hecho, y que ahora lo eludan como mera representación de vaya a saber qué? ¿De qué fue símbolo la huida de Puigdemont de la recién proclamada República simbólica de Cataluña?

¿Qué entenderá Forcadell como “simbólico”? ¿Cuánto habrá costado todo ese simbolismo tan teatralizado? ¿O su coste – social y económico - también es simbólico? ¿A ver si va a resultar que la DUI fue en realidad la declaración universal de lo aparente, una anulación de la realidad, donde nada sucede y por tanto nada está sujeto a legalidad alguna? Pero la realidad no admite falsificaciones.

De qué iba a ser, pues, símbolo esa DUI, sino de sí misma: del peripatetismo de la situación, de lo terrible de sus consecuencias (sobre todo las sociales), de lo tremendo de la irresponsabilidad y la soberbia de los autoproclamados sacerdotes del nuevo credo, que ofrecían y ofrecen mentiras y exigían y exigen renuncias a cambio de alimentar el germen de una frustración que instalaron, que adoctrinaron, mucho antes.

La DUI fue real. El símbolo son los gestos desesperados de hacedores: a veces, los embaucadores caen en su propia trampa.