El Giro de Italia está perdiendo la pugna con la renovada Vuelta España en cuanto a la atracción de grandes nombres y pompa para la ronda ciclista por excelencia del país transalpino. Por eso, sus organizadores ha dado el todo por el todo para revetir esa situación de cara a la edición de la Corsa de 2018. Y cuando se usa expresión se dice, en la práctica, que han pagado dos millones de euros para que Chris Froome compita en el siempre espectacular trazado que presenta la lucha por la maglia rosa.
Así se publica en medios especializados de todo el planeta. Y este miércoles ha tenido lugar la presentación del evento, con el británico como estrella. "Es un momento único para mí. Haber ganado el Tour y la Vuelta y ahora tener la oportunidad de ir al Giro e intentar ganar una tercera gran vuelta consecutiva es emocionante, un auténtico desafío y una motivación completamente nueva para mí y para el equipo", ha afirmado. El keniata, de 32 años, ha asegurado que es especial para él regresar a la prueba en la que empezó su carrera profesional.
"Es algo que el equipo ha considerado y hemos hablado mucho. Sabemos que sería una hazaña significativa en la era moderna ganar tanto el Giro como el Tour en la misma temporada, pero la forma en que manejamos las cosas este año me ha dado la confianza de que puedo apuntar con éxito a ambas carreras", ha añadido un ciclista que pretenderá en el curso que viene alcanzafr el hito perteneciente sólo al belga Eddy Merckx y el francés Bernard Hinault de ganar la tres grandes por etapas en un año.
Froome, que hizo esas declaraciones desde Australia, donde yace de vacaciones, sería el primero en repetir el doblete Tour-Giro que alcanzó Marco Pantani en 1998 -la última vez en que ha ocurrido ese doble triunfo-. Para ello habrá de superar dos etapas contra el reloj -establecidas para seducir al líder del Sky, que aspirará a ganar su quinto Tour, y al vigente ganador del Giro, Tom Dumoulin- y siete finales en alto. El primero de ellos en el Etna, en la sexta etapa.
Además, el Monte Zoncolan, Montevergine Mercogliano, Prato Nevoso, Bardonecchia, Cervinia 214 y Grab Sasso constituirán los principales muros que definirán el curso de la clasificación general, si bien serán los Alpes los que enjuiciarán el estado de forma de los favoritos.
La edición 101, que ha sido presentada por Alberto Contador, Vincenzo Nibali, Fabio Aru y Tom Dumoulin, ha añadido otro tipo de atractivos a su apuesta de negocio. Y es que, además de cambiar la última etapa de localización -se disputará en Roma en lugar de en Milán-, la carrera arrancará el 4 de mayo en Jerusalem. Lo hará con una crono de 10 kilómetros que será seguida por dos etapas en el país hebreo. Habrá dos finales en Tel Aviv y Eilat. Tras esa maniobra de atracción de dólares, habrá un día de parón y viaje ahacia el Bel Paese.
Sin embargo, a pesar de albergar casi 50 kilómetros contrarreloj, escenario muy favorable a Froome, Alberto Contador ha vaticinado que "no tiene grandes desniveles y eso complicará los ataques, pero Chris deberá intentar estrategias diferentes". El madrileño, ya retirado, ha analizado al Zoncolán como el puerto más duro del recorrido y ha concluido que el trazado es "completo". "He estado en Israel y he visto las carreteras. La primera prueba contrarreloj individual será muy técnica, y si llueve puede haber grandes diferencias", zanjó antes de recordar a su añorado excompañero fallecido Michele Scarponi.